Todo texto narrativo, al contar una historia, requiere proveer a ésta de una dimensión temporal. Tratándose de una narración ficticia como lo es la literatura (hay narraciones no ficticias, como las producidas por el periodismo o la historiografía, por ejemplo), dicha dimensión adquiere mayor relevancia tanto en la escritura, como en la lectura del texto. Esto implica, por lo tanto, que cada texto autodefine su propia duración en su modo de concebir el avance del tiempo.
Todo análisis temporal establece, al menos, dos áreas para apreciar un texto: Los tiempos internos y los tiempos externos.









