Esta
novela juvenil, ambientada en el México colonial, cuando la tierra azteca era
el Virreinato de Nueva España, tiene una trama interesante y sencilla a la vez:
Esteban de Ordaz, un joven de doce años, despierta una mañana con la idea de
que un hechicero indio que le habló en sueños, le revela que tiene el poder
para que las cosas y los acontecimientos le obedezcan. En la medida en que se
va involucrando en diversas aventuras va confirmando dicha idea, no obstante
cada vez más se va acercando peligrosamente a confirmar lo contrario, debido a
que varias veces puso en peligro su vida. A través de las correrías de este
joven rico de la colonia mexicana vamos conociendo un poco más de las
costumbres y estilo de vida del México virreinal, no son pocas las
descripciones de vivo color que el autor nos regala para insertarnos en una
época tan lejana y misteriosa para nosotros. Resuenan en esta obra notas de las
novelas de aventuras, de capa y espadas y un airecillo, acomodado a las
circunstancias del marco histórico, de Tom Sawyer (Joe el Indio y el Caballero
Negro pueden ser equivalentes en cuanto a sus escondites y el temor que
provocan al protagonista). El compañero de correrías de Esteban es, en todo
caso, una hermosa y huérfana muchacha levemente mayor que él, de nombre Paloma,
quien también demuestra un espíritu indomable y una rara habilidad para meterse
en líos, lo que la lleva a pasar largo tiempo castigada por su malvado tutor.
Sin embargo, en mi opinión la historia empieza a perder fuerza al final y
pareciera que el autor no sabe cómo terminarla.
Blog de Educación, Nuevas Tecnologías, Cultura de Paz, Literatura y Artes en general.
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miércoles, 2 de agosto de 2017
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