Quizás hay que volver a leer y escribir obras gigantescas que desean o pueden sostener un universo completo. Eso pienso estos días en que, de modo insomne y desquiciado, mientras veo un capítulo tras otro de The Wire y no dejo de estar asombrado por la sincronía genial del hecho de que la serie de Ed Burns y David Simon se me aparezca en el momento en que termino de leer Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson. No sé si ambos tienen una raíz común, pero es imposible no darse cuenta de que la serie de televisión de HBO y el libro del sueco son proyectos totales que no tienen miedo de perderse en una marea roja de detalles mientras ajustan las minucias de vidas invisibles y, con eso, vuelven político un terreno donde otros solo construyen ficción pura.
