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jueves, 31 de enero de 2008

Trapito sucio

(de Mariano Latorre)

Pichuca, la única hija del Ojo de Buey, no estaba dormida , sin embargo el silencio que dulcemente la rodeó apenas los tres borrachos abandonaron el cuarto, terminó de despertarla. Como en los amaneceres, sentóse en su colchoncito de hojas de maíz, que a cada uno de sus movimientos crujía como si bajo él gritasen un millón de grillos asustados. Se restregó los ojos una y otra vez. El silencio como una araña invisible, empezó a tejer en torno suyo una tela de medrosa soledad. Soledad hecha de ruidos confusos y tenues; sordo correr de ratones, baratas que se perseguían en los viejos papeles despegados, dulce sollozo de una llave de agua a medio cerrar en el ancho patio del conventillo. El sobresalto trajo la claridad de la conciencia. Estaba sola. Creyéndola dormida, sus padres y su padrino salieron a divertirse. En su cabecita sobreexcitada, esta Noche Buena que alegraba a todos y de la cual la eliminaban a ella, había prendido como un prodigio. La angustia apretó la garganta con sus anillos de serpiente. Fue un sollozo convulsivo, primero; llanto aliviador y luminoso, después. En su húmedo bienestar brilló, entonces, una resolución: conocer el secreto de la Noche Buena.

miércoles, 22 de junio de 2005

Del Pacífico a Los Andes

Del Pacífico a los Andes, ése fue el ancho de las inquietudes literarias de quien fuera llamado padre y jefe del criollismo chileno: Mariano Latorre, Premio Nacional de literatura en 1944.

Nacido en Cobquecura, Itata, el 4 de enero de 1886, fue su padre "un vasco bueno para arruinarse" -comenta Jorge Marchant- y su madre una dama de ascendencia francesa. Durante sus primeros años de vida, que pasó mayoritariamente en Valparaíso, poco, muy poco, supo de sus propios compatriotas y de su pueblo, su mundo social estaba constituido por vascos y franceses, pero de la gente de Chile sólo tenía escasa información. nada hacía adivinar a este "criollo de pura cepa", como él mismo se definió años más tarde.