Si pudiera señalarse una pieza dramática plenamente representativa de la tragedia griega ésta, sin duda, sería Edipo Rey, la inmortal obra de Sófocles que, como ninguna otra, refleja el espíritu trágico de la Hélade.
Edipo, hombre honesto y apreciado, se encuentra por su propio esfuerzo en la cima del poder y el prestigio. Sus súbditos lo aprecian y reconocen en él un ejemplo pero, como dice el dicho, mientras más alto se está, más dura y dolorosa es la caída.
Edipo, hombre honesto y apreciado, se encuentra por su propio esfuerzo en la cima del poder y el prestigio. Sus súbditos lo aprecian y reconocen en él un ejemplo pero, como dice el dicho, mientras más alto se está, más dura y dolorosa es la caída.
Lejanos están ya los años en los que Edipo se enfrentó y dio muerte a un anciano que lo provocaba desde su lujoso carruaje y liberó a la ciudad de Tebas de la funesta esfinge, para asumir luego como rey de aquella ciudad ya que el monarca había sido asaltado y asesinado por unos ladrones. Edipo no solo tomó el trono del difunto rey Layo, sino que desposó también a su viuda. Lejanos también los años en que el oráculo de Delfos le reveló que mataría a su padre y compartiría el lecho con su madre y, para eludir ese atroz destino, abandonó para siempre su patria y a sus padres a quienes amaba y respetaba.
