Ya ha llegado septiembre y este mes, en Santiago de Chile, es el mes de
los circos, es la primavera que florece entre carpas y risas. Es
curioso, pero tal vez el primer recuerdo del circo que tengo proviene de
la televisión: el Circo Teleminimundo, donde se mostraba un completo
espectáculo circense, y que yo no me perdía a mis cinco años de edad,
especialmente me gustaba el trío de payasos: Cuchara, Chirola y Copucha,
que eran de lo más divertidos. Alguna vez, incluso, Cuchara fue al
colegio donde estudiaba para dar una función: ¡inolvidable!
Luego tengo el recuerdo de los circos de barrio que solían llegar a
Padre Hurtado, el pueblo donde viví hasta los 18 años. Eran circos
pequeños, pero entretenidos, divertidos y esforzados, donde los artistas
hacían varios papeles incluyendo venta de boletos, acomodadores de
sillas, venta de fotos y recuerdos.
Finalmente, ya adolescente, comencé a conocer otros circos más grandes y
de mayor tradición en Chile, como Las Águilas Humanas, Los Tachuelas y
el Circo del Tony Caluga, entre otros.
