Leonardo da Vinci, el extraordinario artista, ingeniero y científico del Renacimiento, dijo una vez: "La pintura es poesía que se ve y no se escucha y la poesía es una pintura que se escucha y no te ve." Y la verdad es que al ver esta hermosa pintura es imposible no reconocer que tenía razón.
La obra en cuestión -al igual que lo que ocurre con la Gioconda-, mantiene en el misterio la identidad de la bella joven representada. Dos opciones se han barajado como las mejores para responder a este misterio. Se trataría de una amante del rey Francisco I de Francia, un ferretero (ferroniere), comerciante de metales, acaudalado y enamorado que aparentó no conocer las citas furtivas de su esposa con el rey, pero que tramó una increíble venganza contra ambos: Contrajo voluntariamente sífilis para enfermarla a ella y, por añadidura, al rey. Ella moriría pronto y el monarca, moriría a la edad de 52 años.



