Gracias a la gentileza de mi colega, el profesor de Lenguaje Carlos Núñez Soto, quien tuvo la amabilidad de obsequiármela, hace poco pude leer la novela El fantasista, del escritor chileno Hernán Rivera Letelier. La obra, que viene a unirse a una larga lista de textos latinoamericanos basados en el fútbol, establece su espacio vital en los últimos días de funcionamiento de la Oficina Salitrera Coya Sur, en el norte de Chile.
La novela transcurre en medio de la expectación poco feliz de los pobladores del campamento Coya Sur que ya han sido notificados del cierre de la planta, lo que convertirá a su pueblo en otro asentamiento fantasma, uno más de los cientos que hay en el desierto chileno, otrora repleto y bullente de vida gracias a la actividad del salitre. Por otra parte, no puede faltar en el contexto la sombra de la caída del régimen de Salvador Allende, a manos de los militares chilenos, lo que se manifiesta en pequeños, pero significativos detalles como la amenaza al protagonista de la historia, por parte de los carabineros del lugar de acusarlos de subversivos o la poco querida figura del intendente regional, un militar de apellido Mortiz (que alude, indudablemente al personaje radioteatral el siniestro doctor Mortis).



