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domingo, 3 de julio de 2022

La leyenda de la olla

 


(versión de Arturo Devia Jorquera)

-Pásame esa olla, pidió el viejo al niño.

- ¡Hup! no puedo levantarla, porque está muy pesada -se quejó el niño.

-¿Cómo? ¡Eres fuerte, muchacho, haz un nuevo empeño!

-No, no la puedo mover..

-¡Jo, jo, jo! -rió el viejo-

Esto me hace recordar cuando anduve cerca de Valdivia.

-No entiendo, interrumpió el niño.

-Te explico, jovencito..., en mi juventud anduve patiperreando por Valdivia.

jueves, 7 de enero de 2021

Mamiña, la niña de mis ojos

En tiempos muy remotos, en dominios del imperio incaico, vivía una hermosa coya que perdía la vista con el paso de los días. Privada de las bellezas de los territorios de su padre, el último de los monarcas, entristecía bajo la esclavitud que le imponía la ceguera. 

El inca envió chasquis a todos los rincones del imperio con la clara instrucción de no regresar, a menos que trajesen noticias alentadoras para el mal que aquejaba a su bella hija. 

Los mensajeros abandonaron el Ombligo del Mundo y se dirigieron a los territorios del extremo norte. Alcanzaron los parajes del Pichincha, para regresar al Cuzco sin el remedio que buscaban. Recorrieron de punta a cabo las riberas del mar y volvieron desalentados. Igual cosa hicieron en las fronteras cordilleranas, con idénticos resultados. Los emisarios que se habían dirigido al sur del imperio descendieron desde el Camino del Inca hasta la Pampa del Tamarugal, donde hallaron una imponente laguna de aguas cristalinas con propiedades curativas. La feliz noticia fue llevada por ágiles corredores, que solo se detenían para reponer sus energías y entregar el mensaje a un chasqui descansado, que emprendía veloz la carrera hasta el tambo siguiente. 

Al enterarse el monarca del feliz mensaje ordenó preparar de inmediato una caravana, que sin tardanza transportara a la coya hasta la laguna prodigiosa. 

El tiempo ha ocultado sabiamente las semanas que empleó aquella comitiva en llegar a la Pampa del Tamarugal. Lo cierto fue que la joven, incapacitada de presenciar las solemnes salidas y entradas del sol y de la luna, supo de tantos amaneceres y ocasos por las mudas de ropa que le hacían sus doncellas. 

La caravana llegó por fin a la imponente laguna de la que tanto se hablaba. Con premura y el mayor de los cuidados, la enceguecida niña fue preparada para el baño curativo. Muy liviana de atavíos, Complejo Educacional Un Amanecer en La Araucanía 3° año básico Profesora jefe: María Angélica San Martín Muñoz Profesora SEP: Yohanna Ruiz Aedo fue sumergida una y cien veces en las aguas sanadoras. Hasta que comenzó a recuperar la vista y, maravillada, pudo observar el esplendor de la pampa y los incomparables tamarugos, que dominaban con su deslumbrante belleza. 

De regreso junto a su padre, curada del mal que la aquejaba, fue tal la dicha que produjo en el inca la sanación de su hija, que ordenó nombrar aquella prodigiosa laguna como Mamiña, niña de mis ojos.

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sábado, 19 de diciembre de 2020

Caribay


Una tarde, en que buscaba piedrecitas para adornarse cerca de un arroyo, Caribay vio venir volando cinco águilas gigantescas. Nunca antes  había visto aves semejantes y sintió el enorme deseo de engalanarse con sus plumas. Así que empezó a correr detrás de las sombras que proyectaban en el suelo, con la esperanza de poder alcanzarlas. Corriendo de un cerro a otro, Caribay llegó a la cumbre de una de las montañas más altas, donde las aves se perdieron entre las nubes. La neblina iba cayendo cada vez más rápido y Caribay sentía miedo y frío. Pensó en pedir ayuda, pero, en ese momento, vio nuevamente a las águilas. Pronto bajaron y se posaron cerca de la muchacha, quedando inmóviles. ¡Ahora sí podré arrancarles las plumas! -pensó y se acercó lentamente-. Cuando fue a tocarlas, dio un grito espantoso que resonó entre las montañas, ¡las águilas se habían convertido en hielo!

Con el grito de la muchacha, las águilas despertaron y comenzaron a agitar con furia sus alas, de las que se desprendían plumas blancas que se convirtieron en copos de nieve. Caribay se perdió esa noche entre las montañas.

Desde entonces, cuando Caribay, convertida en el espíritu de la montaña, lanza sus lamentos por los riscos, se despiertan nuevamente las águilas y mueven sus alas, dejando los cerros cubiertos de nieve.

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sábado, 14 de marzo de 2020

Nekumonta y la curación de las Aguas Sanadoras

Tradicional imagen de Nekumonta buscando las Aguas Sanadoras
(tomada de la página http://www.legendsofnativeamerica.com/)
Hace muchísimos años, tantos que nadie recuerda, ya existía la nación iroquesa a orillas del lago Ontario y territorios adyacentes. Se dedicaban a la caza, a la guerra y sobre todo a prosperar como nación con un sistema democrático propio, constituyendo una federación de cinco naciones que, ya en tiempos de la colonia, incorporó a una sexta. En dicha democracia, las mujeres tenían gran poder social, pues parte de su convivencia diaria era semi-matriarcal. Pese a restricciones legales nacionales e internacionales, su democracia sigue intacta y la nación iroquesa, hasta el día de hoy, emite pasaportes y elige autoridades.