Hace algunos días, miestras estábamos afanados en una
clase sobre las lenguas romances, se acercó uno de mis estudiantes de Segundo
Medio, un joven amable y con dotes de líder, Gustavo Méndez, y con gran
discreción me hizo entrega de un regalo: un libro de poemas. Casi todos mis
alumnos saben cuánto valoro la poesía, de hecho, todos alguna vez han escuchado "mis absurdas clases de poesía" y por lo tanto, un libro como el recibido, es
como un frasco de miel para mí.
Fue así como conocí la poesía de este escritor
chileno que merece ser más conocido entre quienes amamos la poesía en
particular y las letras en general. Trabajo de Campo es una suerte de antología
donde el autor reúne aquellos poemas ya publicados en poemarios anteriores en
que se refleja el limpio y arduo trabajo de la naturaleza en cada una de las
etapas en que se manifiesta. Como dice el autor, esta libro es "el
verdadero trabajo de campo (no el del hombre) si no el de la naturaleza, el trabajo de las estaciones". Y efectivamente, en cada una de las páginas
nos vamos encontrando con destellos relucientes de esta poesía agraria,
forestal, natural, bucólica a veces y casi siempre poseedora de simbolismos y analogías
espirituales plenamente reconocibles o apenas esbozadas u ocultas en Un verso
flamígero:
