Acabo de leer la novela El arte de la resurrección, de Hernán Rivera Letelier que, como
todas sus obras está ambientada en las salitreras, en ese imaginario nortino
que se aferra a la historia y los recuerdos de una realidad social y cultural que
ya no existe, pero que dejó su impronta grabada a fuego en la inmensidad de
nuestro desierto y en las abandonadas oficinas salitreras. El protagonista
principal, en esta ocasión, es el ya legendario Domingo Zárate Vega, el Cristo
de Elqui, suerte de profeta, santón o iluminado que, a despecho de la Iglesia Católica
(y
de los pastores evangélicos, por cierto), recorrió nuestro país predicando y
afirmando ser la reencarnación de Jesús. En el relato de Rivera Letelier, ambientado
en la oficina salitrera Providencia, conocida como “La Piojo”, el Cristo de
Elqui, justo a la mitad de sus años en el oficio de iluminado, llega no solo a
predicar sino que, fundamentalmente, a buscar a una mujer que lo acompañe, lo
cuide, le de su amor y su cuerpo y sea, en todo momento, su discípula en los
diez años que aún le quedan de prédicas, puesto que había prometido recorrer
durante 20 años cada pueblo de Chile entregando sus enseñanzas.
Blog de Educación, Nuevas Tecnologías, Cultura de Paz, Literatura y Artes en general.
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lunes, 30 de enero de 2017
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