Acabo de leer un interesante estudio
de las académicas argentinas Raquel Salim, Margarita Lotti de Santos y
Norma Macchioni de Zamora, referido a la importancia de la reflexión
académica tras la aplicación y evaluación de exámenes universitarios. El
documento en cuestión, publicado en el el último número de la Revista Iberoamericana de Educación,
plantea que los procesos evaluativos en la educación superior deben
transformar las prácticas docentes, modificar las creencias y las
metodologías para hacerse cargo de la necesidad de que la evaluación
permita conocer qué sabe el estudiante y qué hace con esos saberes. El
docente universitario debe ser capaz de aprender de esas evaluaciones y
llegar a comprender por qué se produjo o no el aprendizaje de sus
estudiantes.
