Cuando yo era niño (nací en 1965), alcancé a ver en muchas ocasiones a personas recitando poemas en público, es lo que se llama declamar, vi actos públicos escolares y comunales, incluso en shows de televisión y los escuché en no pocos programas radiales. Mis padres, tíos y mi abuela me contaban siempre de cómo declamaban niños y adultos en las décadas del 20 al 40 cuando ellos eran niños. Hasta el día de hoy mi querida tía Georgina Vargas, que ya cuenta las 8 décadas, declama como en los mejores años y pone en cada verso y cada palabra una intencionalidad comunicativa y artística que solo puede calificarse de arte.
