Acabo de leer un texto, supuestamente para estudiantes de
Trabajo Social, relativo a algunas concepciones, teorías e historia de esa
profesión. Fue una lectura tortuosa y aburrida, el autor –un reputado
especialista en el tema– de pronto se detiene en contenidos irrelevantes y
dedica muchas páginas a ellos, pero lo peor es que construye unas oraciones complejas y
rebuscadas cuya información podría darse de manera mucho más eficiente y clara
con una redacción más sencilla. Sin embargo, no son pocas las personas que
creen que mientras más largo y complicado
lo que escriben, quienes los leen
creerán que son más cultos o tienen
mayor conocimiento. Según me han contado
algunos amigos abogados, me dicen que ello es también una práctica habitual en
su profesión. Tal vez, como docente que soy, estoy más acostumbrado a redactar
de una manera más sencilla y directa, comprensible para mis estudiantes de
diversos grados escolares.
