Uno de los procesos más hermosos que
se desarrolla en la educación primaria es la enseñanza de la lectura y
escritura. Los niños, de cuatro, cinco o seis años, reciben admirados,
por parte de sus profesores las claves para ir desentrañando los
misteriosos signos de la escritura.
En
nuestro idioma los silabarios más antiguos que se conocen provienen de
los esfuerzos de la Iglesia Católica por enseñar a leer en sus escuelas,
fueron llamados Cartillas y sus ejemplos intentaban vincular
la adquisición del lenguaje escrito y la enseñanza cristiana,
proponiéndose, de ese modo, un doble objetivo.