miércoles, 3 de junio de 2015

El rumbo de las mareas, de Maga Villalón

Este breve libro infantil nos trae la historia de un niño llamado Carlos Tapia, hijo de un pescador, que nunca tiene buenos resultados académicos, sus notas son bajas y jamás algunas de sus escasas intervenciones o trabajos escolares ha sido destacado. Peor aún, el apodo de “meón” o “chingue meón”, lo persigue porque, pese a que ya tiene 9 años, suele orinarse cuando está nervioso y eso ocurre muchas veces en público y hasta en la escuela. La autoestima de Carlos es bajísima y las expectativas que su propia familia tiene de él no son muy altas.


Todo cambiará cuando un profesor de Historia, llamado Anacleto Arancibia y que es docente de Enseñanza Media, por vicisitudes de la vida que, poco a poco, empezamos a atisbar, llega a dar clases al cuarto básico de una escuelita de Los Vilos donde asiste Carlos. El primer encuentro entre ellos no fue del todo agradable para Carlos. La molestosa e incontrolable orina lo inundó en la sala de clases cuando respondía a la lista y tuvo que salir huyendo lejos. Su padre, que ya no le veía futuro en la escuela, lo llevó entonces a pescar, pero tampoco ahí Carlos tuvo éxito y desató un problema que casi tuvo consecuencias fatales para su padre. Tampoco servía para pescar.
Tuvo que volver a la escuela, pero, poco a poco, las clases de don Anacleto fueron interesando a Carlos y llegaba a casa entusiasmado hablando de lo que había aprendido. Don Anacleto vivía solo y Carlos intuía que algún grave problema con la justicia lo mantenía alejado de la familia a la que recordaba con amor y tristeza. Cuando don Anacleto empezó a llevar su ropa a que la madre de Carlos la lavara, el olor a lavanda de las prendas del profesor impregnaba gratamente toda la casa.
Un día don Anacleto se fue, pero pasados los años cumplió la gran promesa que le hizo a Carlos y cada día, este niño que fue creciendo mucho más feliz que antes, fue asimilando en su vida diaria las enseñanzas de su profesor.
Una bella y sencilla historia que a los niños les gusta mucho. Es evidente que, para nosotros, los adultos, resuenan nítidos los ecos de La lengua de las mariposas. Hay elementos bastante comunes entre ambas historias, las complicaciones políticas del profesor, los orines del estudiante y la visita a la casa de éste, por asuntos de guardarropa del docente, no pasan desapercibidos. Pero no está mal que las historias se acerquen unas a otras, nada hay de reprochable en una inspiración lejana que, consciente o inconsciente subyace en el texto de Magda Villalón. Digámoslo claramente: en ningún caso es un plagio. Es una historia distinta, nuestra, cercana y enfocada a lectores infantiles que la valoran mucho.
Sin lugar a dudas, un excelente libro para dar a leer a nuestros hijos y a nuestros estudiantes.

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