jueves, 1 de enero de 2026

¿En qué pie está la inclusión educativa en Chile?

 

No es un tema del que se hable mucho cuando se analizan las prioridades y los necesarios ajustes en nuestro sistema educativo; entre las familias, más allá de temas relativos a la calidad y a la cobertura, tampoco hay un conocimiento respecto de esta situación, haciendo la salvedad de aquellas que tienen niños en el Programa de Inclusión Escolar, PIE, pero es más bien un conocimiento superficial. Si pensamos en el tema de la inclusión, sin considerar el adjetivo "educativo", a nivel de Estado el asunto radica en el Senadis, un servicio dependiente del Ministerio de Desarrollo Social, pero que tradicionalmente se ha centrado fundamentalmente en discapacidades motoras y aquellas de orden intelectual permanecen bastante más ocultas. Aunque el Senadis suele contar con el acompañamiento del Ministerio de Educación, os en el tema de la inclusión, sin c0nsiderar el adjetivo "educativo", a nivel de estado el asunto radica en el Senadis, un servicio dependiente del Ministerio de Desarrollo Social, pero parece inverosímil  que el Ministerio de Salud se encuentre mucho más distante y ni hablar del Ministerio del Trabajo (fundamental, si pensamos que los niños crecen y en algún momento deberán integrarse al mundo laboral o bien algo tendría que decir respecto de los cuidadores que se harán cargo de ellos tras el periodo escolar). Este último Ministerio está casi totalmente ausente del análisis y la discusión.
 

Felizmente, hay una casa de estudios superiores en nuestro país, que se ha tomado muy en serio este asunto y durante el año que recién terminó la Red de Inclusión Educativa de la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo, liderada por su directora, María José Domínguez, convocó a diversas instituciones que trabajan en el área y elaboró un diagnóstico/informe que arroja muchas luces sobre el real estado de esta temática en nuestro país.

En líneas gruesas, el estudio determina ocho nudos críticos que ralentizan el avance de la inclusión en el mundo escolar, ellos son:

1. Débil institucionalidad inclusiva y fragmentación del sistema de apoyo.

2. Desarticulación de políticas públicas y normativas poco aplicables en contexto.

3. Liderazgos escolares con escasa apropiación del enfoque inclusivo.

4. Falta de articulación intersectorial entre Educación, Salud y Protección social. 

5. Carencia de recursos humanos especializados y condiciones materiales adecuadas.

6. Brechas en la formación docente continua, situada y con foco en inclusión.

7. Invisibilización de grupos excluidos del foco institucional. 

8. Ausencia de sistematización y escalamiento de buenas prácticas inclusivas.

El documento, por cierto profundiza en cada una de esta situaciones, entrega recomendaciones  y, para ser justos y no dejar una impresión de que todo está mal hecho, también aborda algunas fortalezas en esta área:

1. Voluntad institucional creciente y conformación de redes institucionales.

2. Buenas prácticas inclusivas en el aula: DUA, codocencia, planificación diversificada.

3. Reconocimiento del bienestar socioemocional como eje del trabajo. 

4. Participación activa de comunidades educativas y actores  territoriales.

En definitiva, es un tema de gran importancia para la Educación y el desarrollo de la inclusividad en nuestro país, para acceder a este excelente documento, pinche acá 

prof. Benedicto González Vargas

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