jueves, 16 de junio de 2016

Otra estupidez parlamentaria: Ley contra las tareas escolares

Corría 1971 cuando la destacada docente chilena Olga Avendaño publicó un libro que fue pieza fundamental en la formación de educadores hasta bien entrada la década de los 80. Me refiero al libro La Tarea, una actividad de aprendizaje, libro que bien debieran leer hoy algunos parlamentarios que buscando impulsar leyes populistas que les aseguren votos baratos de padres antitareas, han cometido el despropósito presentar un proyecto de ley que las prohíbe para todos los estudiantes de jornada escolar completa.
¿Quiénes son estos insignes pedagogos que han descubierto que la tarea no sirve para nada y solo estresa a los estudiantes? Pues acá están sus nombres: Jaime Quintana (PPD), Carlos Montes (PS), Ignacio Walker (DC) y Fulvio Rossi (PS), cabe señalar que, por cierto, ninguno tiene el título de profesor.



Entre las joyas argumentativas de estos señores, Quintana (en la foto) dijo: que las tareas escolares "están al servicio del Colegio, de obtener mejor rendimiento que otra escuela, y así las instituciones pueden recibir mayor subvención escolar". ¿Es que está tan pervertida la manera de pensar de estos señores profesionales de la política que creen que, tal como ellos lo han dejado irrefutablemente demostrado, en el caso de su trabajo, los otros profesionales solo pensamos en el rédito económico? No, señor Quintana, si los profesores pensáramos así, no hubiéramos elegido esta carrera, tal vez seríamos políticos profesionales o no tanto, como los que están en el parlamento.
Otra joya argumentativa es que dicen que los "estudiantes están estresados" con las tareas, porque estos señores no solo creen ser parlamentarios y pedagogos, sino que, además, psicólogos. Y orientadores, porque según ellos las tareas "destruyen la vida familiar, pues este tiempo debiera dedicarse al descanso y al esparcimiento".
Es indudable que todo exceso es dañino y las tareas en exceso, por supuesto que lo son. Pero tal vez estos señores ignoran que más de la mitad de las supuestas tareas que llevan los niños a casa son trabajos que no alcanzaron a realizar en clases y que los profesores les damos algún tiempo extra para resolverlas, siempre pensando que hay papás verdaderamente interesados en conocer cómo van aprendiendo sus hijos y en colaborar con dicho aprendizaje.
Si los niños no pueden estudiar en casa o hacer tareas que posibiliten la práctica de algún conocimiento o habilidad académica, difícilmente aprenderán los verbos, las tablas de multiplicar, las reglas ortográficas, la comprensión lectora, el cálculo y tantos otros que requieren esfuerzo y sacrificio (¿conocerán estos vocablos los políticos actuales?). Se formará una sociedad de flojos que no se esfuerzan, que seguramente terminarán embaucando ciudadanos desde alguna trinchera ideológica mal disfrazada de democrática.
Supongo, en todo caso, que ni el Gobierno patrocinará una ley tan absurda y que el resto de los parlamentarios pondrán más cordura si es que este esperpento jurídico llega a discutirse en el Parlamento.
No suelo escribir de manera tan irónica o desagradable, pero la estulticia de estos señores me ha molestado. Traten de hacer mejor su trabajo, que bastante mal lo están llevando y déjennos a los docentes y a los padres ocupados del desarrollo intelectual de nuestros hijos, seguir invirtiendo tiempo en hábitos de estudio en casa y dejemos de lado el facilismo, la flojera, la ley del menor esfuerzo y todas acciones que Quintana y los que andan con él quieren convertir en ley.
Primero hagan clases en las escuelas reales, luego hagan tareas con sus hijos y nietos, posteriormente lean el libro de Olga Avendaño y luego, hagan su pega parlamentaria, que para eso les pagamos millones con nuestros impuestos. Ah, y una última cosa, dejen de hablar tonterías, escuchen con humildad y, alguno de ellos, aprenda a reconocer una baliza de Carabineros.

prof. Benedicto González Vargas

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