miércoles, 10 de agosto de 2011

El corregidor del Calicanto, de Jorge Inostrosa Cuevas

Esta novela histórica, producto de la investigación y la creatividad de uno de los grandes novelistas históricos de nuestro país es, como casi todas las obras de Jorge Inostrosa Cuevas, apasionante. Narrador de fuste, sus obras siempre fueron éxito de ventas, pues el público fue capaz de darse cuenta de su talento, mismo que la crítica trató de opacar, tildándolo de escritor de folletines. 


La novela que hoy me ocupa trata la historia de uno de los personajes más notables de nuestra vida colonial, el corregidor de Santiago, don Luis Manuel de Zañartu, quien es reconocido como uno de los gobernantes capitalinos más activos, capaz de enfrentar la construcción de titánicas obras (públicas y sociales) en beneficio de la comunidad y, a la vez, un noble de características personales poco comunes en el grado al que él las llevó: irascible, despótico, intransigente y frontal. Durante muchos años, más de un siglo, entre los santiaguinos se escuchaba decir, "esta hecho un Zañartu", para designar a alguien con quien no se podía tratar debido a sus airadas reacciones. 

La novela se inicia con las inquietudes de Domingo Faustino Sarmiento, por conocer la verdadera historia del Corregidor y de las "monjas Zañartu" (1), las hijas de éste. Posteriormente, nos pinta al noble gastándose más de veinte mil pesetas para viajar a España y reclamar por el injusto pago de seis pesos de impuesto que le había cargado a su familia el Cabildo de Oñate, en el país vasco. Luego, lo veremos llegar a Chile, su ascendente carrera política, el amor apasionado que sintió por quien fuera su esposa. doña María del Carmen de Errázuriz y Madariaga, varios años menor que él y que falleció poco después de darle su segunda hija. Posteriormente, la novela se centra en su impresionante capacidad de trabajo y tenacidad para llevar adelante sus proyectos, nunca vistos en la historia de las obras públicas de la capital chilena y, a la vez, en su genio irascible y los continuos conflictos que tuvo con los cabildantes y regidores de la época. Muchas veces acusado al rey por su despotismo, siempre libró de las acusaciones debido a su extraordinaria capacidad argumentativa, a no dejar cabos sueltos en sus acciones y a decir sus opiniones siempre de frente, no escudándose en el anonimato y cotilleo de sus adversarios. Finalmente, la novela nos muestra los tensionantes momentos finales de la construcción del Puente de Cal y Canto y del Monasterio del Carmen de San Rafael, donde se propuso encerrar para siempre a sus hijas, para alejarlas de la maledicencia de la gente que, unido al rencor que tenían por el Corregidor, se burlarían de las huellas que la viruela dejó en el rostro de las jóvenes. Finalmente, un epílogo nos cuenta como más de cien años después, debido a unas obras en el río Mapocho que socavaron las bases del imponente Cal y Canto, éste fue destruido para nunca volver a ser levantado. la leyenda acaricia la idea de que esa noche el Corregidor volvió a cruzar el puente para suplicar a gritos al cielo que no destruyera su obra. 

Este notable personaje descansa aún en el altar del monasterio que en 1958 se trasladó a la comuna de La Reina. Las monjas carmelitas a quienes favoreció con su obra, no lo dejaron abandonado y exhumaron los restos de él y de su esposa para llevarlos al nuevo emplazamiento del convento. quienes estuvieron presentes en esa ocasión, aseguran que un brazo y la cabeza del Corregidor estaban incorruptos. 

Novela notable, atrapante, me ha dejado con la inquietud de saber más de este destacado corregidor, piadoso para algunos, hijo del mismo Demonio, para otros. ya me he encargado de conseguir la novela A la sombra del Corregidor, de Sady Zañartu, uno de los descendientes de esta ilustre familia vasca. 

Si un día de estos se topan por ahí con esta novela editada por Zig Zag, o cualquier otra de Jorge Inostrosa y, si además, les interesa la historia de Chile contada a través de un relato novelístico apasionante, no duden en adquirir el tomo pues, tendrán entre sus manos una verdadera obra de arte (aunque les pese a los críticos y académicos recalcitrantemente majaderos). 

prof. Benedicto González Vargas

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