Ya me he referido antes a la interesante y profunda dramaturgia de Juan Radrigán que siempre logra su objetivo de dejarnos cavilando respecto de las situaciones de injusticia, miseria, opresión y al mismo tiempo esperanza de sus personajes. En esta ocasión quiero referirme a su obra El príncipe desolado que se está presentando en Centro Cultural Mapocho, en el marco del Festival Santiago Off.
En dicha obra, el autor revitaliza el antiguo mito del ángel caído cuya función es conseguir que los seres humanos caigan ante la tentación y opten por el mal. La lucha entre el bien y el mal, entonces, se presenta como la motivación inicial de la obra; sin embargo, en esta lucha que Luzbel emprende, topa con un pueblo donde todos los ciudadanos cumplen a cabalidad las normas establecidas, donde no hay faltas a la moral y donde impera el orden: se trata de una dictadura.








