sábado, 13 de mayo de 2006

El Premio Nacional de Literatura



Desde el retorno a la democracia los chilenos hemos escuchado a sucesivos gobiernos concertacionistas que habrá prioridad por la cultura. En el caso específico del libro, hubo algún candidato, luego presidente, que en su campaña prometió eliminar el IVA (1) a los libros. Por supuesto que luego encontró muchas excusas para no hacerlo. Creo, en todo caso, que no es el IVA lo que provoca los alarmantes niveles de no lectura en nuestro país (una vueltecita por el ciberespacio revela que este es un problema mundial). Creo que el problema pasa por una actitud ante la cultura, ante el libro, que es visto por amplios sectores como una cosa aburrida y sin interés comercial. 


Hoy sería impensable para nuestros niños esperar ansiosos revistas como Billiken y El Peneca, que tanto recuerda mi padre. Sin embargo debemos señalar una obviedad enorme: para que haya lectores, debe haber escritores y como en toda actividad humana, las personas requieren un cierto reconocimiento, un estímulo, si no a nivel individual, al menos a nivel colectivo. Es el sano orgullo de saber que uno se dedica a una actividad que para el país es importante y que de ello se ocupan las máximas autoridades. 

En 1972 una ley (2), cuya intención ignoro, modificó las bases del Premio Nacional de Literatura y, en uno de sus aspectos más nefastos, lo convirtió en un premio bienal. Los sucesivos jurados del Premio fueron poco a poco estableciendo una tácita alternancia entre narradores y poetas, que no está escrita en ninguna parte, pero que se respeta. Este año nos corresponde, nuevamente, conocer quién será el ganador, seguramente un narrador, ya que en 2004 el premio recayó en el extraordinario poeta Armando Uribe. 

Ha habido varios ministros y gentes vinculadas a la economía, que han dicho que hay un problema de dinero para volver a la anualidad del premio. Actualmente, el galardón conlleva un reconocimiento de 12 millones de pesos y una pensión vitalicia de 600.000 mensuales. Una verdadera jubilación para los escritores. 

La Revista de Libros de El Mercurio, en un artículo reciente, propuso algo que concitaría gran respaldo entre los escritores: Bajar el premio a seis millones, la renta mensual a $300.000, pero volver a convertirlo en anual. Aunque la idea implique desmejorar el justo reconocimiento a nuestros creadores. En todo caso, es una idea responsable que viene del mundo de la cultura y que ojalá las autoridades actuales puedan analizar. Otro hecho interesante y digno de meditar es devolverle a la Sociedad de Escritores de Chile, SECH, su asiento en el jurado, porque más allá de algunas polémicas intrascendentes en las que se ha visto envuelta últimamente, es la institución gremial y cultural que agrupa a los escritores chilenos y su lugar en el jurado nunca estuvo en duda desde sus inicios. 

No hay que seguir postergando a los escritores. Ya es suficiente con la piratería, los bajos índices de lectura, el desconocimiento supino de nuestros mayores talentos por parte de los escolares chilenos y otro largo etcétera. Es la hora de devolverle al Premio Nacional de Literatura el valor y el respeto que merece, en aras de nuestra cultura y en homenaje a nuestras letras. 

Nota:
(1). Impuesto al Valor Agregado. En Chile alcanza al 19% del valor del producto. 
(2). Muchos creen que esta Ley data del gobierno de Pinochet, pero la Ley se aprobó en democracia, bajo el mandato de Allende. El Gobierno Militar la aplicó porque estaba así estipulada y no encontró razones para modificarla.

publicado originalmente en mi columna en Ciudad Letralia, en mayo de 2006.

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