martes, 21 de noviembre de 2006

Aportes para la implementación de una Educación para el Emprendimiento

Si queremos generar una Educación para el Emprendimiento, ésta debe sustentarse en una plataforma que aborde tanto lo curricular como el capital humano que se incorpore a los colegios. Esto es, desde un punto de vista académico, generar un hacer pedagógico que incorpore contenidos, metodologías y prácticas en tres áreas claramente determinadas, ellas son: 

- Actividades Académicas Generales. 
- Actividades de Libre Elección 
- Orientación y Consejo de Curso. 

Para ello se requerirá interpretar los programas de estudio especialmente desde una nueva dimensión metodológica que incorpore una visión relativa a generar actividades desencadenantes de aprendizaje que promocionen, impulsen, valoren y destaquen el emprendimiento personal. Por lo anterior, es necesario incorporar en cada planificación de aula de las unidades de estudio, actividades que cumplan con tal requisito. Vale decir, potenciar una libertad guiada para que los estudiantes propongan sus propios proyectos de trabajo. Esto implica que en una primera etapa los docentes deberán reforzar metodologías y formas de estudio que desencadenen las conductas que se requieren en los alumnos, especialmente aquellas vinculadas con la investigación y la creatividad personal, sin olvidar el análisis crítico de la información y el procesamiento ético de ella. 

Al respecto, experiencias innovadoras en extremo -que sólo menciono con afán ilustrativo- plantean incluso espacios en que los alumnos participan en la planificación de las unidades de aprendizaje. Vale decir, a partir de los contenidos y objetivos formales que contiene el Programa de Estudios, el docente en conjunto con sus estudiantes diseñan las actividades que permitan alcanzar los logros esperados. 

Por otra parte, no debe olvidarse una decisión impostergable para los colegios modernos es fomentar las aulas virtuales en su página web, lo que no se ha desarrollado del todo, seguramente por una falta de incentivo, más que por un tema de experticia. 

Indudablemente en estos tiempos hablar de emprendimiento y de capital humano, implica incorporar las TIC en forma más amplia a la actividad escolar. En el ámbito de las actividades de Libre elección, es necesario incorporar aquellas que, a partir de un contenido interesante, que pueda mostrar logros prácticos, se implementen nuevos cursos donde la creatividad, el emprendimiento y el desarrollo de las capacidades intelectuales vayan de la mano de una praxis que haga más significativo el proceso de aprendizaje. Sin lugar a dudas, en esta área también es importante ir entregando los conocimientos teóricos y prácticos que requieran los talleres en cuestión, pero sin olvidar que debe existir mayor dinamismo en el enfoque. Ello implica, un cambio urgente en la forma de selección de las actividades complementarias, ya que uno de los puntos más débiles es, precisamente, el hecho de que se centran casi exclusivamente en lo deportivo y artístico (lo que no está mal), pero no hay experiencias innovadoras vinculadas a un área más académica y donde las hay, suelen ser repeticiones de los métodos y estilos de las clases generales cuando no terminan siendo preparaciones de SIMCE y PSU. 

Es importante consignar que los docentes debieran participar presentando proyectos de actividades de libre elección en los que puedan explicitar los vínculos que el curso propuesto tenga con la cultura emprendedora que se requiere implementar y cuáles serán las actividades que dicha propuesta de implementará para impulsarla. Desde esta perspectiva, es urgente que estas actividades que ocupan parte del horario de libre disposición de los colegios, también se hagan cargo de las siguientes necesidades educativas que el siglo XXI impone a cualquier proyecto educativo que pretenda verdaderamente desarrollar competencias necesarias para la vida moderna: 

- Alfabetización digital. 
- Mayor y mejor práctica del inglés. 
- Formulación y gestión de proyectos. 
- Liderazgo. 
- Práctica creciente de virtudes democráticas. 

Desde el área de la orientación y el Consejo de Curso, se deben potenciar los siguientes valores a la luz de una cultura emprendedora: 

- Pasión 
- Perseverancia. 
- Paciencia
- Prudencia. 
- Práctica. 

Ello implica fomentar un sentido de misión vinculado fuertemente al impacto social que tiene la energía emprendedora, a la importancia de la calidad y la impecabilidad en los haceres, incentivar el orden, el rigor y la disciplina que son las prácticas básicas que permiten transformar la energía humana en invención y transformación de mundos y desincentivar definitiva y explícitamente: 

- La desconfianza. 
- La soberbia. 
- El autoritarismo. 
- El escepticismo. 
- El machismo y el feminismo. 
- La intolerancia. 
- El clasismo. 

Ello implica una práctica permanente de las habilidades sociales de liderazgo y participación democrática, vale decir sujetos responsables de sus actos, conscientes de las causalidades que desencadenan, informados, críticos y opinantes. 

En cuanto al capital humano que se vaya incorporando a los colegios a ejercer la función docente, la administración de ellos deberá trabajar y afinar perfiles docentes que se hagan cargo de las definiciones arriba mencionadas, explicitándolos en el momento de solicitar la contratación de nuevos docentes o monitores y exigiendo a quienes se incorporen a dichas funciones la práctica efectiva del sello educativo que se busca implementar. Ello, indudablemente, implica disponer en los presupuestos venideros los recursos necesarios que permitan la implementación de este sello emprendedor, tanto en la infraestructura requerida, como en la contratación de personal, y en la implementación de una capacitación (seminarios, talleres, cursos y charlas) que enseñe y estimule a los docentes a participar e impulsar el cambio descrito. 

Indudablemente, deberán generarse también las necesarias adecuaciones para que la cultura del emprendimiento también pase por la participación de los docentes y sea una realidad no sólo académica, sino que un verdadero estilo de trabajo al interior de las instituciones, adecuando las funciones y las personas, así como los incentivos correspondientes, con la intención de que los cambios no sólo sean una sugerencia en el papel, sino que una práctica comprobable en todos los niveles de las unidades educativas. Las instituciones que voluntariamente asuman este desafío podrán decidir si su implementación será gradual o radical, de acuerdo a sus propios ritmos y posibilidades, pero siempre acotada a plazos y fórmulas conocidas aunque flexibles, con claridad de objetivos, cronograma y recursos humanos involucrados. 

Verdaderamente creo que en medio de la crisis educativa en la que estamos inmersos, hay que subirse definitivamente al carro de la modernidad. El tema de la cobertura educacional, que fue la gran necesidad del siglo XIX y principios del XX, ya se alcanzó. El tema de la calidad, que debió copar nuestras inquietudes en la segunda mitad del siglo XX, lo seguimos reprobando. El problema es que ahora, en el siglo XXI, ya debemos ocuparnos de la Alfabetización Digital y no tenemos tiempo -ya lo perdimos- en seguir la secuencia lógica antes descrita. 

Una verdadera Educación para el Emprendimiento nos abre la posibilidad de avanzar en ambos temas a la vez. 

prof. Benedicto González Vargas
publicado originalmente en mi blog de Atinachile el 21 de noviembre de 2006
texto preparado para el Consejo directivo del Colegio Alexander Fleming.

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