(por Vicente Muleiro)
El pampeano Juan Carlos Butriazo Ortiz se ha dado a conocer en los últimos años como un poeta singular.
Esa singularidad radica en una combinatoria muy argentina: una base lírica que crece en contacto con la tierra y sus sonidos antiguos, un vínculo intenso y amoroso con el paisaje pampeano y una primera asimilación del lenguaje donde se mezcla un castellano menos contaminado por argots regionales, pero mezclado, sí, con el vocabulario de los ancestros indígenas, en este caso, con los ecos consonantes de la Araucanía.
A partir de estos instrumentos, la exploración lo lleva a la lectura de la poesía clásica y de las experimentaciones de la vanguardia. Por un lado asimila la ampulosidad y la carga barroca de la poesía del Siglo de Oro, por otro lo atraen fuertes apuestas innovadoras como el Vicente Huidobro de Altazor y lazona más audaz de Oliverio Girondo. Para adentrarse en el clima americanista frecuenta el Chilam Banam, el Popol Vuh, a Miguel Ángel Asturias y a César Vallejo, sobre todo al más lanzado de Trilce.
Con toda esa alquimia es que se arrima a su madurez poética. Entre nosotros, Ediciones en Danza, editó Herejía bermeja, acaso uno de los mejores libros de poesía del año pasado.
Ahora, Ediciones Amerindia, de La Pampa, ha editado el primer tomo de Canto Quetral, que recopila su primera etapa, muy ligada a la letrística folclórica, atada al paisaje rural y con resonancias de Atahualpa Yupanqui y de Manuel J. Castilla, los más empinados poetas de un cancionero que persiste.
Canto Quetral reúne los seis primeros libros de Butriazo o Juan Llanca o el Flamenco Ortiz. En su prólogo, Dora Battiston dice que a estos poemas los caracteriza "una mímesis del lugar, la determinación geográfica, la presencia y el conflicto de sus habitantes, el tono elegíaco, la alusión histórica y mitológica y un sutil erotismo, entre otros elementos que luego quedarán realzados en su poética mayor.
El trabajo con una rima que acercará los textos a la guitarra -decenas de ellos han sido musicalizados-, la métrica pariente de la copla y de la versificación popular española no le resta en nada a la profundidad y al vuelo:
Que largas murmuraciones
dejaba el viento sin alma;
el corazón de la tarde
pasaba ahogado en el alma.
Comentario publicado originalmente en Revista Ñ N° 291 del 26 de abril de 2009

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Estimado visitante, gracias por detenerte a leer y comentar, en cuanto pueda leeré tu comentario y te responderé.