jueves, 6 de mayo de 2004

Mis absurdas clases de poesía


A mis alumnos (pobrecitos ellos que no tienen cómo sacudirse no sólo mi presencia, lo que ya es bastante trágico, sino que tampoco pueden desprenderse de mi desmesurado poder al sentenciar de manera inapelable qué es lo bueno y qué lo malo del conjunto de saberes relacionados con el lenguaje y la literatura que ellos manifiestan ya sea en forma oral y/o escrita en sus trabajos escolares) (1) siempre que les hablo de la poesía, les cuento una ¿fabulilla? ¿historieta? ¿comparación? ignoro cómo definirla, inventada por mí, relativa a los osos, los burros y las abejas.



En términos simples la historia consiste en decirles que la humanidad puede dividirse en tres grupos: un 80% corresponde a los burros (en esta parte recorro con la mirada a todo el alumnado, dando entender que tan jumentos son), un 19.% de la humanidad son los osos (y señalo que por razones estadísticas el curso ha de tener menos de diez) y el 1 % restante corresponde a las abejas (difícilmente en la fauna escolar presente habrá alguna). Y como para aclarar el asunto (aunque deliberadamente lo oscurezco (2) más) les digo que la diferencia está dada por la miel. La miel -prosigo mi ininteligible disertación- es un alimento perfecto, delicioso, sano, natural, con propiedades curativas, incluso. Los burros, como burros que son, no gustan de la miel, para ellos la vida puede vivirse sin ella y ni siquiera la echan en falta, no sabiendo los desdichados que se pierden no la mitad de la vida (como dice el dicho popular) sino la vida entera, pues el delicioso reino de la miel les cierra sus puertas para siempre y ellos, de puro burros, no hacen nada por abrirlas. Los osos, en cambio, sí gustan de la miel, la buscan con paciencia, con esfuerzo, la roban, la disfrutan, se engolosinan con ella y aunque incapaces de producirla, la disfrutan con el deleite propio de los que tienen abiertas las puertas de los reinos superiores. A las abejas, en cambio, les corresponde el privilegio de crear miel, de producirla y con ello cumplir el inapelable karma de hacer girar la propia vida en torno de la miel y, de paso, llevar dulzura a las vidas ajenas.
En esta parte, casi todos los burros de la clase creen que al profesor se le ha soltado un tornillo y un par de candidatos a oso, asombrados, abre los ojos como si el raro koan que escuchan les estuviera produciendo algún tipo de iluminación, aunque no aciertan a comprenderla del todo. Debo señalar que, ejemplos más, ejemplos menos, esta reflexión la estiro por casi treinta y cinco minutos con cierta grandilocuencia, histrionismo y autoridad académica autoconcedida. ¿Y luego? Luego la nada, la pregunta hiriente que exige respuesta: ¿De qué se trata esto? y las respuestas más coherentes hablan del resumen del próximo libro o de un concurso de acertijos, algunos aventuran que se trata de un poema, un antipoema -se apresuran a corregir- pues es evidente que estamos estudiando la unidad de lírica, de acuerdo al objetivo anotado en el pizarrón. Algunas de las más incoherentes llevan una velada insinuación sobre el estado mental del docente.
¿Y los dos casi-iluminados? Quieren hablar, pero no pueden, el temor a la respuesta equivocada es más fuerte que la gloria de descifrar a la esfinge didáctica. Poderoso, como soy en el aula (3) los interpelo y balbucean una pregunta -yo les he pedido una respuesta-, pero insisten en balbucear una pregunta: ¿la poesía? Y como izados por una fuerza descontrolada a las alturas del conocimiento, les alabo su inteligencia, sagacidad e intuición, les doy la bienvenida al mundo de los osos y empiezo a decirles que la poesía es un alimento perfecto para el alma, delicioso, sano, natural, con propiedades curativas incluso...
La verdad es que después de esta desgastante hora pedagógica el ansia de probar la miel de las palabras queda abierta y mis pobres alumnos, por fin, pueden empezar a disfrutar por algún tiempo las clases siguientes viendo desfilar ante sus ojos y oídos una comparsa multicolor de versos de las más variadas especies y de los más variados poetas.
Es bueno ser profesor para realizar este rito en forma periódica (todos los años tengo un curso completo que no he visto nunca) y para descubrir en la fauna escolar a varios osos (a los que les proporciono miel gratuita cada vez que la necesiten) y, he tenido suerte, a un par de abejas productoras de miel.

NOTAS:

(1) Creo que este paréntesis fue tan largo que más hubiera valido escribir una nota a pie de página.
(2) Siempre me ha parecido más hermoso escribir obscurezco.
(3) Entiéndase (para que no me excomulguen los expertos en metodología educativa) que es sólo en esta clase, pues sino tanta teatralidad no funcionaría

prof. Benedicto González Vargas

publicado originalmente en Revista Letralia Nº 104 el 5 de enero de 2004
y en mi blog de Atinachile el 25 de noviembre de 2005.

5 comentarios:

  1. Carlos Duarte M. dijo:

    02/04/2007 a las 14:02 Editar Eliminar

    ¡Excelente dinámica! Enviado por Carlos Duarte el 27/11/2005 a las 10:09 AM ¡Excelente dinámica! Y por lo que dices, eficaz. Estudié dinámicas parecidas en el librito "Dinámica de Grupos para practicar en clases", de Armando G. Agallo Barrios, Espacio Editorial, Arg. De más está decir que las dinámicas de grupo aplicadas a alumnos del segmento que atiendes son difíciles de aplicar, ya que más que el diseño de la misma su éxito depende de la habilidad del aplicador. El mejor diseño naufraga ante un aplicador que no tenga habilidades de facilitador. Y a ti te sobran, por lo que veo. Felicidades. Otrosí: mi voto fué para tí. Me debes $ 1.- (porque nada es gratis en esta vida). Merecerías el triunfo por la profundidad de tus posts. http://eldescribidor.blogspot.com http://antequeraduarteyasoc.blogspot.com http://capacitacionencostos.blogspot.com

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  2. Hector González Avilés dijo:

    02/04/2007 a las 14:03 Editar Eliminar

    Consejos para el amigo Benedicto. Enviado por Héctor González Avilés el 27/11/2005 a las 12:11 PM Para que seas un profesor excelente, debes tener mucha paciencia con tus alumnos, se severo, pero tambien buena onda con ellos, asi te van a apreciar. "El Señor es mi Pastor, nada me faltará" (Salmos 23:1). http://www.titogonzalez23.blogspot.com

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  3. Carlos Duarte M. dijo:

    02/04/2007 a las 14:06 Editar Eliminar

    ¡NO seas insolente, bicho! B Enviado por Carlos Duarte el 27/11/2005 a las 12:17 PM ¡NO seas insolente, bicho! Benedicto es uno de los profesores más motivados e informados que he conocido. A ti habría que echarte Baygón o algún otro insecticida... http://eldescribidor.blogspot.com http://antequeraduarteyasoc.blogspot.com http://capacitacionencostos.blogspot.com

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  4. prof. Benedicto González Vargas dijo:

    02/04/2007 a las 14:08 Editar Eliminar

    Gracias por tu voto y por lo bajo del precio Enviado por Benedicto el 27/11/2005 a las 12:26 PM

    ¿Es en pesos chilenos no? Jaja. En todo caso, amigo, agradezco tus siempre amables palabras. La verdad es que esta clase la hago siempre con los cursos nuevos y la disfruto mucho. Es divertido ver la cara de "no entiendo nada" que ponen al principio, pero curiosamente, es difícil que la olviden. Siempre alumnos mayores me preguntan si "ya dio la clase de los burros y los osos". Bueno, pasando a otro tema, no sé si agradecer al Jote o masacrarlo, porque el nuevo "avatar" de Tito es un tanto...cómo decirlo sin que se ofenda, ¡fome! El monito de los ojos grandes tenía personalidad, aunque cansaba verlo... Jaja, vamos a iniciar una campaña: ¡Busquémosle una identidad al Tito! Gracias por tus palabras, siempre amables Benedicto Andrés

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  5. Jennifer Argomedo H. dijo:

    02/04/2007 a las 14:09 Editar Eliminar

    De absurdo...nada... Enviado por tu_risa el
    Cómo hubiese querido tener esas "absurdas" clases de poesía alguna vez. Tal vez así el bichito me habría picado mucho antes. Aunque en mi alma algún bichito revoloteador (no podría precisar si era una abeja) hacía de vez en cuando alguna de esas apariciones que se quedan marcadas para siempre como ecos que algún día comenzamos a escuchar. Más aún si en mi mente revoloteaban tantos sueños que me mantenían generalmente a elevadas alturas del suelo, pero que no eran las adecuadas para recordar tantas palabras interesantes que los profes hubieran podido decir. Tuve sí, un maravilloso profesor de Castellano cuando viví en Loncoche un par de años en mi pre-adolescencia. Un hombre pequeño, serio, callado, y muy exigente, llamado José Angulo, pero que marcó mi vida haciendo que mejorara notablemente mi ortografía, algo que le agradeceré hasta el último día de mi vida. He recorrido tu blog en este día y, aparte de considerar que eres una persona agradable e interesante, y si eres enojón con tus alumnos en el fondo debe ser porque pretendes lograr lo que seguramente esperaba aquel profesor de mi infancia: que una de esas posibles abejitas algún día produjera buena miel, entre líneas puedo notar que eres también una persona con sentido del humor, y no me cabe duda que sabes guiar a quienes consideras que realmente lo merecen como posibles candidatos a abeja o incluso a oso. He sentido agradablemente, desde la conversación sobre los libros, una especie de amistad en el aire, entre quienes han comentado estos temas, y felicito a todos por la buena onda, y la altura de miras con que emiten sus humildes y constructivas opiniones, en lugar de hacerse preceder por títulos y comentarios con un poco más de ego. Es un gusto leerlos. También en San Fernando estamos preocupados de extender la poesía. tu_risa JENIFFER ARGOMEDO HODGKINSON Otoño 2006

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