miércoles, 11 de octubre de 2006

"Hoy es usual repartirse entre varias ciudades"

(por Héctor Pavón)

 Elvio Gandolfo sonríe iluminado por una tenue luz invernal en un bar de Palermo. Tiene un nuevo libro entre manos, se llama Ómnibus (interzona). Son historias cortas, impresiones, pequeños relatos. Surgieron de sus viajes repetidos entre Rosario y Buenos Aires realizados durante nueve años, antes de mudarse a Montevideo. Pero la sedentariedad no es lo suyo. Sigue viajando y ha ampliado el espectro de medios transporte: barco, avión, tren y auto. De ómnibus varios y rutas trata esta charla.

-Uno tiene la tentación de decir que ha presentado un nuevo libro de cuentos. ¿Es así?

No. Ómnibus es un texto que parece original si no fuera porque hay otros similares aparecidos en los últimos treinta o cuarenta años. Lo hizo Handke, también Sebald con sus libros inclasificables. Otro es George Pérec que planteaba cómo se registra poco lo cotidiano, en el sentido más mínimo. "Describa sus cucharitas, decía". El desafío que yo me planteé era hacer algo así con mis viajes en ómnibus de Buenos Aires a Rosario. Mientras inventaba eso y empezaba a hacerlo, acepté ser director de la editorial municipal rosarina, lo que me obligaba a ir dos veces por semana. Escribir el libro me llevó dos años y medio.

-Más allá de que haya elegido este formato, ¿no se le ocurrió hacer una novela con esta idea?

-No. No me atrae mucho porque ya hay diversas novelas que son un viaje en ómnibus. En cambio esto era ver qué surgía en ese trayecto. Estás encerrado con otra gente y esa misma limitación te hace establecer conversaciones frecuentes.

-¿Es un viaje real entre Buenos Aires y Rosario o Rosario y Buenos Aires o podría ser otro el recorrido?

-No, a mijuicio depende de esa distancia mediana de cuatro horas. Si fuera un viaje a Córdoba, sería otra historia. Fui sacando conclusiones sobre los guardas, por ejemplo. Y cuando fui terminando el libro, muchas cosas que yo daba como características habían desaparecido. Por ejemplo, en los baños había unas tablitas para cambiar bebés que nunca más las vi.

-¿Cómo eran aquellos primeros viajes comparados con los que hizo últimamente?

-Una vez que terminé el libro volvieron a ser viajes comunes. En cambio, en el periodo en el que se me alargó tanto, viajaba pensando en qué iba a escribir. Se me demoraba. A veces yo veía algo y pensaba "lo escribo cuando vuelvo", pero tardaba seis meses en hacerlo. Eso me alarmaba, y ver si lo terminaba fue un tema más del libro.

¿Qué lugar ocupa en su escritura el tema de "el viaje"

-En el libro hay un capítulo, "Aves migratorias" que habla de eso. Se ha vuelto completamente común tener hasta cinco trabajos, que no estén todos en la misma ciudad y que uno tenga que trasladarse. Uno tenía un trabajo, moría en ese trabajo, tenía vacaciones. Ahora todo se ha vuelto centrífugo. Raro es el tipo que se puede quedar en la ciudad donde vive todo el año y se va de vacaciones nada más. Ahora, por los hijos o por alguna vuelta o alguna pareja que se hace por Internet, hay que moverse.

-El libro empieza diciendo: "La última vez, regresé en ómnibus". Es una primera creación corta, ¿Qué significa?

-Eso es un truco de escritor. Cuando se arranca con una frase a medias o in media res, engancha. El desafío es cumplir con esa frase. El libro tiene algo musical, la reaparición de los camiones, el personaje de la mujer de ojos marrones...No es un simple registro autobiográfico.

-También hay lugar para los camiones, los colectivos, los autos ¿Qué características diferentes encuentra?

-El viaje en auto se hace a una altura mucho más baja, la ruta se ve más inmediata y se tiene una cosa inconsciente, pero que está ahí, que es la parte de adelante, sobre todo cuando viajás de noche. En un auto, la charla es más íntima. Hay otra perspectiva: los horarios y la velocidad también los marca uno. En el ómnibus uno sube y está al alpiste de lo que haga el conductor o de lo que la compañía tiene dispuesto como ritmo.

¿Maneja?

No. Sobre ese tema tengo un poema. "Todo lo que no he hecho" para poder tener la atención necesaria para escribir.    

Publicada originalmente en suplemento Ñ, Clarín. 5 de agosto de 2006.

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