viernes, 29 de septiembre de 2006

¡Vamos, Chile, que se puede!

Muchas cosas pueden decirse respecto del problema actual por el que atraviesa la educación chilena, pero indudablemente lo que no se puede hacer es culpar de dichos problemas sólo a un actor de todo el proceso y siento que eso es lo que se ha venido haciendo -intencionadamente o no- al culpar de todas las fallas y problemas de calidad al cuerpo docente. Esto no quiere decir que los profesores no tengamos responsabilidad al respecto, sólo que no habrá soluciones eficientes si no se analizan adecuadamente las causas y se asumen y corrigen los errores que los múltiples actores de este proceso han cometido. Como dice Fernando Flores, el problema de la educación no es solamente local, no tiene que ver con una dificultad específica de nuestro país o región, sino que es la manifestación del cambio que está viviendo nuestra civilización. 

Los vertiginosos avances en la tecnologías de la información, la globalización y los nuevos intereses de nuestros jóvenes y niños han desnudado las prácticas caducas, extemporáneas y escasamente significativas de la Educación. Un lugar común que es frecuente encontrar en seminarios y charlas al respecto, pero que no deja de tener razón, señala que si una persona del medioevo fuera trasladada a nuestra época, difícilmente reconocería las prácticas laborales y los entornos en los que se encuentra, pero que no tendría dudas al reconocer una escuela, por cuanto los procesos siguen siendo esencialmente similares desde aquella época. 

¿Qué podemos hacer entonces con este problema que excede largamente los análisis menores que se han hecho y que, según sea el analista, terminan culpando a los ya mencionados docentes, a los programas de estudios, al Mineduc, a las universidades formadoras de profesores, a la LOCE , a los sueldos, a las municipalidades, al cambio en las estructuras familiares, a la indisciplina de los alumnos, al sistema de libre mercado, a la falta de tecnología, al exceso de tecnología y una variopinta cantidad más de causas estructurales? ¿Qué podemos hacer si cada participante de este proceso cree tener una suerte de verdad unívoca, cuando no francamente dogmática, e intenta imponer al resto sus convicciones, produciendo con ello la imposibilidad de llegar a acuerdos fundamentales? 

Resolver el problema educacional requiere, en primer término, tener claro para qué deseamos la Educación, cuál es el rol que ésta debe cumplir en nuestra sociedad moderna, cuáles son las verdaderas necesidades del país al respecto proyectadas y sustentables en el tiempo. Lo que he dicho es una obviedad imperdonable y, sin embargo, ¿cuántos de nuestros padres y apoderados, estudiantes, directivos docentes, funcionarios ministeriales, políticos, autoridades religiosas y gobernantes pueden estar de acuerdo en, al menos, tres o cuatro puntos fundamentales? ¿Cuántos aparecerán en esta encuesta con un decidor No Sabe, No Responde? Nos falta saber qué queremos conseguir con nuestra Educación y poner en ello todas nuestras fuerzas. Puede ser duro decirlo, pero falta liderazgo es esta área, falta que se vincule a la educación con una Visión moderna, se convierta ello en Misión y se dinamicen los entornos y contextos para alcanzarla. Lo peor de todo es que pienso, que dichos liderazgos existen, pero quienes tienen la responsabilidad de darles autoridad, escucharlos y darles la oportunidad de ejercer influencia, no lo han hecho. 

Allí está Fernando Flores, con el tema del Emprendimiento, que es algo más que un frase publicitaria, es una realidad urgente de asumir y proyectar. Allí está creando masa crítica, pero ¿qué se está haciendo en la práctica real y concreta para implementar algunas de sus ideas en la plataforma educativa? Allí está también José Joaquín Brunner, hablándonos en forma permanente de la formación de Capital Humano adecuado a la Sociedad de la Información. Pero más allá de invitarlo a variados seminarios ¿se lo escucha de veras? Allí esta Jorge Carvajal, hombre pausado y claro en sus ideas, honesto y consecuente a más no poder, incorporando a la Educación los valores éticos y morales desde una perspectiva laica y no dogmática. ¿Cuántos lo conocen? Sería largo e injusto seguir nombrando (y omitiendo) personas que pueden promover el cambio que necesitamos y porque tienen ideas y saben de visiones y misiones. 

Alguien debe convocarlos Aquí está Atinachile, abriendo conversaciones y generando ideas, lluvias de ideas, tormentas de ideas, con la esperanza de influir y ser escuchados. Si yo fuera comentarista deportivo diría, ¡Vamos Chile, que se puede! Pero debemos ser más humildes y dejar de lado nuestras banderitas personales y escuchar a los que saben e iluminan. 

Prof. Benedicto González Vargas 
publicado originalmente en Educandonos el 29 de septiembre de 2006 

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