miércoles, 18 de enero de 2006

Evaluación por objetivos I

Uno de los problemas más comunes en nuestra educación es el de la deficiente evaluación que estamos realizando con nuestros alumnos. En efecto, pensemos tan sólo que se han hecho grandes esfuerzos en mejorar los programas de estudio y los profesores han adoptado e implementado las modificaciones; se hacen esfuerzos por incorporar nuevas metodologías y formas de aprender y los docentes, cual más, cual menos, lo implementan también. Pero ¿qué cambios significativos pueden verse en la forma de evaluar los aprendizajes? Parece que la Reforma no ha permeado esta área y, lamento decirlo, la mayoría de los directivos docentes o las jefaturas técnicas, tampoco han hecho mucho.


Por otra parte, siempre nos estamos quejando de los resultados del SIMCE, la PSU, la Prueba PISA, el TIMSS y otros (baste revisar estas mismas páginas hace pocos días atrás). El profesor Martiniano Román Pérez, creador del Modelo "T" de Planificación, ha dicho que la Evaluación por objetivos ha sido denominada de diversas maneras, a saber: "Evaluación por capacidades", "Evaluación formativo - sumativa", "Evaluación criterial", etc., en todo los casos se trata de evaluar cuantitativamente los contenidos y los métodos usados en función de los objetivos trazados (y previamente explicitados al alumno). Ahora bien, una intención tal sólo es posible cuando las actividades de aula están bien diseñadas y tienen clara su finalidad. Claramente no es lo mismo una clase en que se diseñaron actividades para aprender contenidos, que otra en la que se diseñan actividades para adquirir métodos, .aunque en uno y otro caso (contenidos o métodos) siempre puedan ser éstos objetivos a alcanzar. 


La evaluación por objetivos tiene como requisito sine qua non que las actividades de aula sean consideradas como estrategias de aprendizaje y que se orienten al desarrollo de capacidades valiéndose, a la vez, de contenidos y métodos. Si queda más o menos claro el cómo lograr esto en el aula, es un poco más oscuro el cómo plasmarlo en una evaluación.  


Veamos un ejemplo, confeccionado a partir de uno del profesor Román: "Identifica (destreza) las diferentes formas de Romanticismo (contenido) y elabora un mapa geográfico/histórico con esos datos (método)". Este tipo de preguntas son las que se hacen a nuestros alumnos en pruebas como el SIMCE o la internacional PISA y, me parece, que este es precísamente el tipo de preguntas que no hacemos en nuestras pruebas. Una cosa que debemos tener meridianamente clara, es que si nuestras clases se basan en actividades donde sólo se aprenden contenidos, este tipo de evaluación es impracticable. Sin embargo, en la sociedad actual, se requiere que nuestros alumnos desarrollen habilidades, capacidades y destrezas a partir de métodos que deben ser procesos de desarrollo. No debemos perder de vista que se requiere que nuestros alumnos desarrollen "herramientas mentales" que les permitan desenvolverse en la sociedad del conocimiento y ello puede -y debe- hacerse a partir de contenidos sistémicos que ayuden a los alumnos a ver el conocimiento como un todo integrado y no cada asignatura como una parcela desvinculada del resto de los saberes y aprendizajes. 

La verdadera refundación de la escuela y de los procedimientos pedagógicos no puede ni debe dejar de lado un aspecto tan importante como la evaluación. 

prof. Benedicto González Vargas 
publicado originalmente en mi blog de Atinachile el 18 de enero de 2006

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