martes, 8 de diciembre de 2009

Paideia y Humanitas: el devenir de las humanidades en nuestra sociedad

Lorena Berríos es una joven e inteligente colega, profesora de Lenguaje y Comunicación, que se desempeña como docente en el Colegio San Francisco del Alba. Hace poco publicó un interesante artículo en Educarchile que los invito a leer y comentar. Por lo relevante del tema, lo reproduzco in extenso: 

En “El banquete” (Συμπόσιον) de Platón hay una extensa discusión acerca del amor, que se desarrollará durante el día y toda una semana. Siempre les comento a mis alumnos que es impresionante que un grupo de personas se haya reunido con el objetivo de discutir acerca de este tema y dedicar tanto tiempo a su profundización. 

Algo similar ocurrió el año 1989 en la UMCE cuando un grupo de distinguidos catedráticos (Grammatico, Herrera Cajas, Rodríguez Adrados, Barceló, entre otros) se reunieron para discutir acerca de la παιδεία y la Humanitas. Fue una semana completa dedicada al debate de estos temas, en donde se reflexionó acerca de la educación del hombre y cómo ésta forjaba su humanidad. 

Hoy, a veinte años de este seminario, muchos de los estudiosos que se congregaron esa semana ya no están con nosotros. Hace poco, el 12 de octubre, nos dejó una gran profesora que dedicó su vida a la paideia y al cultivo de la humanitas: Giuseppina Grammatico. Su partida deja un vacío inconmensurable dentro del estudio de los clásicos y su comprensión. Su deceso, nos hace reflexionar acerca de cuál es el destino de las humanidades en nuestro país y cuál es su cultivo en nuestra educación. En síntesis, si las instituciones están procurando una paideia y cultivando una humanitas. De cuán necesario se hace ésta en nosotros.

Primero, observemos los términos. Παιδεία proviene del término παίς entendido como “un ser que crece” y como tal, necesita ser educado. La παιδεία lo conduce de la mano conforme a una “theoría” comprendida como la “contemplación de la idea perfecta del ser, forma y medida absoluta de todos los vivientes” ; por lo tanto, ésta encierra una idea ética y estética. 

Por otro lado, Humanitas, procede de Humanus que identifica todo lo relativo al hombre y encierra los significados de: bueno, amable, instruido, etc. En este sentido, la humanitas se amplía pudiendo significar “benevolencia, cortesía, educación, cultura, civilidad”, entre otros términos. Humanitas y humanus están vinculados a humus “humilde, bajo, que no se levanta de la tierra” y homo “ser nacido de la tierra”. En este sentido, Humanitas y παιδεία se nos presentan como un ascenso semántico que va desde lo inferior (humus y homo) a lo superior - implícito necesariamente en el término παιδεία - que se logra a partir de los studia humanitatis, aquello que no sólo es disciplina, sino también dedicación y cariño a este cultivo.

Entendiendo los términos de este modo, cabe preguntarnos cómo están los studia humanitatis en nuestro país y si tienden hacia una paideia y una humanitas, así comprendidas.

Analizando las mallas de diferentes carreras llamadas “humanistas”, es sorprendente la escasa consideración que le dan a los estudios clásicos y al estudio de las lenguas clásicas. Por ejemplo, en la carrera de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación se da mayor prioridad a los aspectos técnicos que literarios y, dentro de éstos, se le da cabida a la Literatura Hispanoamericana en su mayoría. Con respecto al estudio de alguna lengua clásica, Latín ha descendido notablemente de lo que fue la carrera en el año 1991 (duraba tres años) al año 1992 (tres semestres) al 2009 (dos semestres). El estudio de éste, además, tiende a la comprensión de nuestro idioma y no como lengua en sí para la lectura de textos clásicos. En algunas universidades (privadas) ni siquiera se considera dentro de la malla. Del mismo modo, los bachilleratos – también denominados con el nombre de “Bachiller”- se transforman en una serie de ramos sin conexión real entre sí, con una tendencia a una formación holística, que arriesgadamente puede traducirse a: se da mucho, no se profundiza nada.  

Similar a lo que señalaba Carla Cordua: “A los estudiantes se les hace madurar a mano”, pensando sin duda, en este conglomerado de materias que en el fondo no profundizan ni llevan a nada concreto. En el caso de la carrera de Filosofía, se da una pincelada por la historia de ésta en los diversos semestres y el único caso interesante es el que ofrece la PUC en su licenciatura, que da el monográfico de un filósofo por semestre (primer semestre: Platón, el segundo: Aristóteles, etc.)

Lo preocupante de todo este análisis es, en el fondo, la poca valoración que se da a lo clásico y su estudio en sí. En casi todas las carreras – incluyendo Filosofía – se da sólo un semestre y en otras no se da en absoluto. Es cierto, según señala Barceló,  que “el mundo se nos ha abierto demasiado, y hoy en día quien estudia la literatura francesa del siglo XVII o la historia inglesa del siglo XIX, es considerado también un humanista, y lo es en el mismo sentido de las personas dedicadas a la antigüedad”.  Lo preocupante es, insisto, que el tema de las humanidades se considere desde un punto de vista de títulos y currículum, en desmedro de la profundidad e importancia que deberían tener.

Pienso que hoy en día se hace cada vez más difícil el camino a los estudios clásicos. Es preocupante la poca dedicación que da la sociedad en general a su comprensión y valoración, siendo que es la base de todo. Las personas que han dado su vida a estos estudios, son pequeñas estrellas que poco a poco se están extinguiendo. Por este mismo motivo, se vuelve imperativo profundizarlos dentro del aula en un marco contextualizado, que ayude a las nuevas generaciones a entrar en la riqueza espiritual que estos nos ofrecen y que nos ayudan a comprender un poco más nuestro mundo, cada día más escindido. Es preocupante, también, ver cada día más alejados a los jóvenes de las carreras humanistas. Al parecer, la sociedad no les ha dado el espacio correspondiente, otorgando mayor validez a aquello que económicamente más reporte. Es injusto que un estudiante de cuarto medio, que tiene evidentemente una vocación humanista, deba preguntarse una y otra vez si es correcto lo que está escogiendo, si tendrá alguna posibilidad de poder desarrollarse laboralmente en aquello que estudió. 

En conclusión, nuestra sociedad va hacia un rumbo cada vez más alejado de su humanitas, las prácticas que como docentes debemos ejercer deben propender hacia una παιδεία que logre encender y guiar el alma de ese niño o niña hacia su propia humanitas, aquello que lo engrandezca. El ser humano no puede conocerse si ignora lo profundo de su pasado, si no aprende a amarlo y, a partir de él, tratar de definirse. En este sentido, las humanidades son fundamentales.
Lorena Berríos

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