jueves, 21 de noviembre de 2013

Mi amigo el negro, de Felipe Alliende

Llegó a mis manos esta novela infatil / juvenil de la que había oído hablar varias veces, pero que nunca había tenido ocasión de leer. Ambientada en la década de los 80, hay varias referencias a la televisión de la época, programas como "Vamos a ver", "un millón para el mejor" o la "mujer biónica", son mencionados profusamente junto a personajes como "Don Francisco" y algunos dibujos animados. 
La novela nos cuenta la historia de las vacaciones de un niño, que va a acampar junto a su familia durante un mes a un fundo al interior de Chillán y donde conoce y hace amistad con un niño de su misma edad apodado "el Negro" (o "neuro", como dice el texto). 

Resulta que El Neuro sabe muchas cosas de la tierra, del campo, de los animales, cosas que no se enseñan en la escuela y que para el protagonista son admirables. Por otra parte, este joven campesino, aunque va a la escuela, ignora las más elementales lecciones de Lenguaje, Matemáticas o Geografía, es más, solo ha visto televisión un par de veces en su vida.

La relación de amistad entre ambos niños permite ir comparando la vida del campo con la agitación de la vida de ciudad. Los oficios y costumbres campesinas van desfilando ante nuestros ojos con sencilla y cuidada nitidez, puesto que a propósito de presentarnos a la familia del Negro, el narrador nos va entregando antecedentes sobre las casas, las vestimentas, los gustos alimenticios y los conocimientos de la gente del campo.

Novela interesante que no busca plantear grandes problemas existenciales ni muchísimo menos, que no se limita a la manida fórmula de buscar una enseñanza moral pre-establecida (pecadillo literario muy común en las obras dirigidas a lectores menores), sino que, simplemente, buscar trazar unos bocetos lo suficientemente claros respecto de la vida campesina en contraste con nuestras costumbres citadinas.

A los niños les gusta, aunque la contextualización te,poral, ya pasados varios años de la publicación de la novela, haya que explicarla, vale la pena leerla y hacerla leer, especialmente buena me parece si podemos comentarla con estudiantes de la ciudad que conozcan el campo o estudiantes del campo que tengan familiares en la ciudad.

prof. Benedicto González Vargas

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