martes, 2 de junio de 2020

Nunca dejemos de aprender

Imagen tomada del artículo de Meybis Ferrer H,
Inteligencia, conocimiento  y sabiduría, publicado en Ecured
Como todos saben, soy docente de Lengua y Literatura y las clases se encuentran suspendidas desde marzo. He seguido atendiendo a mis estudiantes a través de la web, enviando trabajos y contenidos que se complementan con mensajes de aliento y autocuidado; he seguido trabajando cada día,  pero he ganado tiempo en los desplazamientos que ya no hago, casi cuatro horas diarias para llegar en Transantiago desde Padre Hurtado a Renca y viceversa; es un ahorro de tiempo que he aprovechado en estudiar a distancia, casi compulsivamente, porque hacía rato que no disponía de esta opción. La Educación y la Espiritualidad han sido por ahora mis dos líneas de estudio. Agradezco a las instituciones que me permiten hacerlo con horarios flexibles y precios convenientes, cuando no, gratuitos.


Es que, a mi edad -54 años- estoy en el momento de decidir si quiero dejarme envejecer o seguir intelectual y físicamente activo. Alguna vez en mi juventud leí un artículo que decía que cuando dejamos de aprender, empezamos a envejecer, ahora sé que ese texto se basaba es un proverbio japonés, pero que aplica a cualquier ciudadano del mundo. Y me niego rotundamente a dejar de aprender, especialmente de aquellos que enseñan con ejemplo sincero y humildad. Alguna vez alguien me dijo que la gran diferencia entre la Erudición y la Sabiduría, es que el erudito se enorgullece de cuanto sabe, y el sabio, en cambio, reconoce con humildad cuánto aún ignora.

Tengo claro que el aprendizaje no es lo mismo que la Sabiduría, aunque busco aprender a diario, estoy lejos de ella, siempre he pensado que más allá de la enorme voluntad de aprendizaje y escucha que tienen los sabios, agregan a ello la energía fundamental del universo que es el Amor. Dicho en otros términos, creo que Sabio es aquel que une el Amor a su Conocimiento y su Voluntad en el hacer diario.

Así que, por lo tanto, solo me resta instar a que mis lectores sigan aprendiendo, sigan con el asombro del saber, sigan asimilando cada día los aprendizajes que están en todas todas partes. Hoy, en medio de esta pandemia que nos aflige y nos asusta, vemos las mejores acciones de tantas personas en el mundo, casi tantas buenas acciones, como bajezas y ruindades en todas partes. Es que debemos aprender de todo ello, porque si el ser humano bueno es ejemplo para el ser humano malo, el malo es la lección del bueno, dado que estamos tan intrínsecamente interconectados.

No dejemos de aprender, a ninguna edad, ni de ningún maestro o lección.

Benedicto González Vargas

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