miércoles, 23 de julio de 2008

Gracia y el forastero, de Guillermo Blanco

"Gracia y el Forastero es una novela hermosa; admirablemente bien escrita y, a todas pruebas, fácil de leer" Así la describió el crítico Luis Domínguez en mayo de 1965, a poco de aparecer en las librerías.


Estoy de acuerdo. Guillermo Blanco creó una hermosa y trágica historia de amor adolescente, en donde las rigideces de la sociedad, los prejuicios de clase, el autoritarismo paterno y la incomprensión de los mayores respecto de las ideas, sentimientos y conductas de los jóvenes llevan a una pareja a vivir un amor sin límites de trágico desenlace. Desde el principio la crítica acompañó entusiastamente a esta novela y una de las rarezas que destacó fue lo desdibujado de la época y lugar en que está ambientada. A la distancia de más de 40 años, parece un acierto. Los jóvenes del 65 bien pudieron imaginarla ambientada en su época, pero los actuales jóvenes que se aproximan a ella (es un libro recurrente en la Enseñanza Media chilena), aún hoy pueden verse identificados con varias situaciones de los protagonistas o reconocer en el resto de los personajes características demasiado vigentes en nuestra sociedad. ¿Qué joven no se ha enamorado, aunque sea a escondidas, en los meses estivales en un pueblo costero? ¿Quién no conoce alguna historia en que el padre de la niña se oponga a una relación?

Qué duda cabe, son los mismos materiales con que se construyeron los cuentos de hadas, por una parte, y las novelas de Corín Tellado, por otra. Sin embargo, Guillermo Blanco supo crear una atmósfera nueva, un aire distinto, una novela especial y única, plenamente vigente a casi nueve lustros de haber salido de las prensas. Cómo choca la realidad brutal en esta obra, con los ingenuos ideales del padre de Gabriel, con la prejuiciosa y autoritaria conciencia del general, con el bien intencionado, pero inútil equilibrio del sacerdote, que trata de conciliar lo inconciliable y que nunca logra dar con sus consejos la altura de las circunstancias.

Bella historia que invito a leer o a releer, según sea el caso y a enfrentar con nuestras propias búsquedas, desencuentros, emociones y prejuicios.


prof. Benedicto González Vargas

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