
El enfoque cognitivo, por su parte, prefiere destacar que el ser humano
responde a procesos internos vinculados a las percepciones de las
situaciones a las que el sujeto está sometido, ello partiendo de la
condición necesaria de conocer el entorno en el cual se desenvuelve. Eso
provoca un sujeto activo en su ambiente y no sólo reactivo frente a
los hechos. El problema de esta mirada es que un estudiante podría
atribuir su fracaso escolar a una razón interna insuperable ante la
cual, víctima de la indefensión, sólo cabe resignarse.
Por eso, muchas
veces, nos encontramos con la "receta" de algún psicólogo que nos insta a
reforzar los éxitos de nuestros estudiantes como una manera de
evidenciar que puede tener éxito, ello sólo es posible si se le ayuda a
fijarse metas alcanzables, realistas, específicas y cortoplacistas.
La capacidad de decidir, la autodeterminación y el esfuerzo por
desarrollarse del ser humano, vale decir una motivación intrínseca, son
los puntos de análisis que nos propone el personalismo. En esta mirada,
el concepto de necesidad es el eje fundamental y entiende por tal a
cualquier carencia que se relacione con el bienestar de la persona.
Si aplicamos esos conceptos a la educación, se puede concluir que si
para un estudiante la sala de clases es un sitio atemorizante y si el
alumno se encuentra en una situación desmedrada y carece de recursos
para un desarrollo armónico (social, económico, afectivo, cultural,
etc.), será muy difícil para los docentes desarrollar las potencialidades de los
estudiantes.
Por eso la sala de clases debe ser un lugar que refuerce en forma
afectiva los logros de los estudiantes, única forma en que puedan surgir
la confianza y la seguridad requisitos necesarios para que surja la motivación.
Un punto no menor que, sin embargo, suele ser dejado de lado o, peor aún, se hace
exactamente lo contrario, es comprender cómo las expectativas del
docente ante el logro psible del alumno influyen en los resultados.
Muchas veces he escuchado a colegas decir cosas como "de este grupo qué más podemos esperar"
y los resultados, por cierto, son los previstos por ellos. Pero también
he visto a colegas, ante el mismo grupo, sostener las expectativas
inciales contra viento y marea verbalizarlo y socializarlo así y sus resultados son mejores. Esto, en Chile, ha quedado bastante demostrado en evaluaciones como el SIMCE, por ejemplo.
Sin duda es un tema apasionante al que los invito a reflexionar para que comentemos y compartamos.
prof. Benedicto González Vargas
(basado en la clase 3 del curso Interacciones, innovación y gestión del
tiempo en la sala de clases, Universidad San Sebastián, Diario El
Mercurio)
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