viernes, 3 de septiembre de 2021

El queule y Pablo Azúa

 

(por Marcela Saavedra Araya)


Prácticamente nadie sabe que existe. Es casi un enigma y cuando se lo refiere por su nombre, "queule", muchos creen que se habla de una caleta de la Región de la Araucanía, y no de un árbol prácticamente extinto, dice Pablo Azúa, agrónomo especialista en educación ambiental y restauración de bosques.

Azúa es extensionista del queule para el proyecto del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), ejecutado por la Secretaría Regional Ministerial del Medio Ambiente de la Región del Bíobío, donde además se esfuerza por difundir información sobre este árbol. También trabaja con comunidades para que lo propaguen y resguarden.

Pero llegar aquí no fue fácil.

De muy pequeño, Azúa tuvo la fortuna de conocer bosques, montañas y ríos en la Región de
Magallanes. De esta forma, rápidamente se interesó en la conservación, pero aún así no pensó en estudiar algo directamente relacionado con eso. Ingresó a Agronomía en la Universidad Austral. "Cuando salí estaba pegado con el tema del bosque, el río, el agua, y mis experiencias laborales estuvieron vinculadas al componente humano de la conservación. Tuve la fortuna de irme a vivir a la comuna de Tirúa, en la región del Bíobío, donde me di cuenta de que no tiene sentido trabajar la consrvación excluyendo a las personas", dice.

En esa etapa ya tenía claro que lo que más le gustaba era comunicar y motivar a las personas para que aprendieran a convivir con lo que les rodea. "Ahí me encaucé y llegué a lo que me dedico: apoyar en el resguardo del enfermo tratando de promover el amor por los ecosistemas en las personas".

Así comenzó a trabajar en el sistema público y con personas en la restauración de ecosistemas y paisajes agrícolas. A medida que se especializaba surgió la posibilidad de trabajar con una especie en particular, que tenía gravísimos problemas de conservación: el queule.

"Llegué por mi visión territorial de la conservación. Para impulsar acciones locales que tuvieran que ver con el resguardo de esta especie, integrando en esto a todos, desde los vecinos hasta los gobiernos locales", señala.

Según el agrónomo hoy quedan cerca de 5 mil a 7 mil ejemplares de queule, diseminados desde Chanco, en la Región del Maule, hasta la localidad de Los Álamos, en la región del Biobío. "Cuando vemos una o dos hectáreas de cultivos forestales podemos dimensionar la cantidad de queules que quedan en el mundo. Su estado de conservación es crítico y es un árbol único, que no tiene parientes cercanos", explica.

El queule es un remanente de épocas muy antiguas de cuando todo Chile central era un territorio tropical, dice: "Es un fósil viviente. Un legado ambiental histórico, genético y geológico. No podemos darnos el lujo de perderlo". Añade.

Las personas, sostiene, pueden aportar hoy a la conservación del queule utilizando su conocimiento tradicional del campo, que se puede combinar con los avances tecnológicos y científicos. "Los habitantes del campo son los que hacen la acción directa que va desde poner un cerco, plantar un árbol, colectar semillas con las que producimos plantas, a llevar el registro de cómo se comporta cada ejemplar", dice. "Lo bonito que se conozca sobre el queule es que queda al descubierto la diversidad de especies que existen en el planeta. Cuando se valora eso, además a valorar los exosistemas. Mientras más conocemos, más entendemos al mundo y lo habitamos de una manera más feliz"

publicado originalmente en El Mercurio, 25 de julio de 2021

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