miércoles, 10 de septiembre de 2008

El jardín de los siete crepúsculos, de Miquel de Palol y Muntanyola



Esta novela, que en el pasado obtuvo el Premio Nacional de Literatura Catalana y fue traducida al castellano por Celina Alegre para Anagrama, se estructura a través de un relato fragmentado en múltiples narradores que se van conteniendo unos dentro de otros, como en cajas chinas o muñecas rusas. El jardín de los siete crepúsculos es, por lo tanto, una sucesión de relatos que se encadenan y contienen otros relatos, que contienen otros relatos, la técnica de generar una obra única, a partir de muchos cuentos distintos es muy antigua, ya la encontramos en obras fundamentales como en el anónimo Las mil y una noches, El Conde Lucanor, de Juan Manuel o El Decamerón, de Bocacio.
Miquel de Palol, el autor, ubica su narración en un futuro indefinido (que sirve de excusa para un interesante y cáustico prólogo en que una buena cantidad de estudiosos, filólogos y críticos literarios intenta desentrañar el origen y fecha de una obra cuyos fragmentos aparecen en diversos discos digitales en impensadas e imposibles bibliotecas del futuro) y la desarrolla en torno a la historia de una poderosa familia que a través de una joya controla financiera y políticamente, desde las sombras, los sucesos del mundo, teniendo a toda la humanidad en sus manos. Pero el mundo está en una guerra atómica apocalíptica y el protagonista (innominado durante todo el extenso relato) debe huir de una destruida Barcelona a un refugio de alta montaña que guarda todas las comodidades y la historia de la sociedad que se termina. 

Cabe señalar que el joven protagonista de élficas orejas empieza poco a poco a darse cuenta que no sabe quién es él y por qué ha sido recogido y llevado a un refugio donde hay tanta gente que él sabe ha tenido influencia mundial; sin embargo, logra darse cuenta que es él y no los otros famosos, el invitado más importante del refugio. 

Es una novela impresionante por su contenido, su estructura, la coherencia de los relatos que disímiles, fragmentados, distintos y distantes entre sí van configurando una novela de una solidez y calidad impresionantes. 

Sin embargo, debo advertir que El jardín de los Siete Crepúsculos no es una lectura para todo el mundo. Habrá muchos que consideren una verdadera tortura el rompecabezas que el autor nos propone y no encontrarán ninguna coherencia en la multiplicidad de narradores, estilos, géneros literarios y personajes que ofrece. Es una obra para lectores de gustos literarios consumados y talento lector. El lector debe colaborar con su propio intelecto para ir configurando el desarrollo y avance de una novela que para cualquier lector ingenuo será imposible de descifrar y menos disfrutar. Por cierto que, en mi opinión, la obra se inscribe plenamente en los relatos de ciencia ficción, aunque también existe una interpretación simbólica, de crítica social o, incluso, algunos ven en la obra una reactualización del género de caballerías o de los relatos policiales. Creo que eso también es cierto. La novela tiene de todo y sus cuentos se pasean por todas las opciones narrativas, incluyendo relatos de espionaje, de amor, policiales, esotéricos, eróticos e, incluso, dos de tipo francamente pornográficos que se justifican en la medida en que configuran el complejo panorama literario postmodernista, que es el sustrato último que explica y configura la mirada de esta novela de casi mil páginas. 

prof. Benedicto González Vargas

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