viernes, 4 de febrero de 2022

Los bosques de alerce y Antonio Lara

 (por Marcela Saavedra Araya)

El ingeniero forestal de la Universidad de Chile y académico de la Universidad Austral Antonio Lara (65) nunca olvidará el momento en que se enamoró de los alerces. Corría el año 82, y luego de varias caminatas por zonas extensas, en jornadas muy lluviosas por sectores alejados, tuvo sus primeros acercamientos con bosques de esta antigua especie nativa "Entonces lo común era ver explotaciones ilegales, incluso quemas en curso, que daban cuenta de la fuerte destrucción a la que estaban sometidos", recuerda.

La situación  de estos bosques, dice, era crítica. Su madera era muy bien pagada y estaba en grave peligro de extinción producto de la tala y de los incendios.

Con el tiempo, esta experiencia lo llevó a participar de campañas para mantener o mejorar la protección internacional en torno a estos bosques, y hacia 1987, una vez que comenzó a trabajar en su tesis doctoral en la University of Colorado, en Boulder, Estados Unidos, no le cupo duda de que la dedicaría a estudiar la ecología y dinámica de los bosques de alerce como base para su conservación.

Así comenzó a investigar estos árboles, que hoy describe como únicos en su genero. "La Fitzroya -como también se le conoce- no tiene parientes genéticos. Solo está en algunos bosques de Chile y Argentina, y puede llegar a vivir hasta 3600 años. Es la segunda especie más longeva del mundo después de un árbol norteamericano", dice.

Entre más aprendía de los alerces, más pensaba en protegerlos, añade. Y esa determinación pronto se convirtió en acciones concretas.


"Entre 1992 y 2005 fue muy duro. Tuvimos que levantar un trabajo colaborativo entre diversas personas e instituciones para lograr proteger efectivamente estos bosques tan amenazados", cuenta. "Con el tiempo logramos prohibir y erradicar completamente las exportaciones de la valiosa madera de alerce. Mejoramos la fiscalización por parte de la Corporación Nacional Forestal, creamos y fortalecimos las áreas protegidas, y desarrollamos campañas activas de divulgación para la gente", explica.

De esta manera, las personas empezaron a valorar esta especie. Disminuyó abruptamente el consumo de madera, asegura, y las mismas comunidades comenzaron a involucrarse en la defensa de los bosques relacionados, explica sobre un proceso que con los años considera un éxito, pero que no ha terminado.

Por estos días la lucha de Antonio continúa. En 2008 creó la Fundación Centro de los Bosques Nativos Forecos. Aquí trabaja con otros especialistas en asesorías legales, creando proyectos de divulgación y en la promoción y conservación de humedales, santuarios de la naturaleza y, obviamente, en la conservación de bosques. "Ahora estamos trabajando específicamente en los bosques de alerce del Parque Nacional Alerce Costero, que están muy amenazados por el cambio climático y la sequía", dice.

Con varios años de experiencia en conservación, Antonio ve el trabajo que ha realizado como su granito de arena. "Hoy el alerce está mucho mejor conservado que cuando empecé y hay pocos ecosistemas de los que se pueda decir eso", añade. Pero sabe que no debe confiarse: las amenazan existen y habrá otras. "Debemos prevenirlas, eliminarlas o reducirlas. Hoy las acciones de conservación basadas en la investigación científica son claves para que nuestros hijos, nietos y quienes los sucedan tengan el privilegio de disfrutar e inspirarse con estos bosques milenarios. Es nuestra responsabilidad asegurarlo hoy."

(publicado en Revista del Domingo, El Mercurio, 23 de enero de 2022)

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