viernes, 9 de octubre de 2009

Cómo enfrentar la "mala conducta en la sala de clases"



Todos nos hemos quejado alguna vez de la mala conducta de un grupo curso o de alumnos en particular. Varias veces he escuchado a colegas responder a la pregunta ¿con qué curso te toca? en tono jocoso, pero verdadero: - Voy contra el 7º , por ejemplo. Y la verdad es que sí hay estudiantes que nos enfrentan al manejo de este tipo de situaciones. Jóvenes y niños que se paran en medio de la clase para dirigirse a otro punto de la sala sin permiso o, lisa y llanamente, pretenden abandonar el salón de clases por su propio gusto. Esto, por cierto, con oídos sordos a los múltiples llamados de atención que les hace su profesor. Esto, evidentemente, no sólo interrumpe la clase sino que, además, provoca que los alumnos se retrasen, no consigan aprender adecuadamente aquello que están ejercitando. 
Ximena Rojas, Directora del Departamento de Psicología de la Universidad Católica Raúl Silva Henríquez aproximó la siguiente respuesta en la Revista Educar de mayo de 2008:

"Lo primero es tratar de averiguar qué hay detrás de esa mala conducta. A lo mejor hay problemas de autoestima y/o aprendizaje. Una mala conducta nunca es porque sí. Es importante hacer distinciones para no globalizar y cometer el error de estigmatizar a todos los niños, pues lo único que hace eso es retroalimentar y mantener el mal comportamiento en el tiempo. El aumento de las responsabilidades de los niños dentro de la sala de clases es muy útil. Por ejemplo, hay todo un plan que tiene que ver con las habilidades sociales y cuyo objetivo es que los alumnos asuman responsabilidades en función de sus compañeros. Para lograr esto se pide a uno de ellos, por ejemplo, que se convierta en una especie de guardián de otro para cuidarlo por un periodo determinado. Además, a veces hay coegios que tienen sistemas de incentivos para los niños, algunos destacan al "Alumno de la Semana". Esto es positivo, pero en la medida que haya una razón justificada de por qué se va a premiar a ese niño y que todos la conozcan" 

Aunque estoy de acuerdo en parte con la opinión de la psicóloga, me parece que su propuesta ya es muy conocida y no tiene aplicación real en las salas de clases. De hecho, en muchas escuelas se ha suprimido destacar alumnos porque el colectivo suele molestar a aquellos que han sido destacados. Una vez escuché a alumnos de cuarto básico burlarse de otro que había sido destacado con este sistema diciéndole que era "El niño símbolo" o "el destacado Mc Donald"

¿Qué hacer, entonces? Yo diría que lo primero es verificar la forma en que estamos haciendo nuestras clases. Tenemos alumnos del siglo XXI que acceden rápidamente a carreteras de información y están funcionando con varios canales a la vez (una alumna de 5º primaria puede estar haciendo su tarea, escuchando música, mirando el computador, con un par de sesiones msn abiertas o facebook y, además, estar atenta a las llamadas a su móvil y ¡responderlas! Todo ello sin dejar de hacer en forma adecuada su tarea.

Sé que lo que estoy diciendo es una herejía para los puristas en metodología y aprendizajes, pero es la verdad a la luz de los nuevos tiempos y por ello una clase frontal, monótona y con dirección unívoca es la mejor garantía para tener desorden en el aula.
Ahora, si ese no es el problema, debemos atender a que los estudiantes con mala conducta sueen ser impulsivos y allí la Metacognición es una formidable herramienta para ayudarlos a reflexionar sobre sus comportamientos y sus formas de estudio.

Lo importante, en mi opinión es un trabajo en equipo que permita poner la información en contacto con el resto de los docentes para encontrar aquellas metodologías que permiten una mayor concentración del niño e identificar aquellas que o dispersan. Sé que esto suele decirse, pero la verdad es que hace muy poco de esto en las escuelas, debido al ritmo de trabajo en que solemos estar inmersos.

Finalmente, quiero remarcar que este tipo de problemas no suele resolverse con imponer medidas disciplinarias solamente, probablemente en algunos casos ayuden a “calmar” al niño, pero no cumplirán el objetivo mayor de que aprenda.

Cada alumno tiene métodos y ritmos distintos, mientras no usemos metodologías variadas y participativas, el resultado siempre será que algunos van quedando atrás y no lograremos el objetivo de “que todos aprendan”.

Recuerdo que una vez un curso que pasaba por el más desordenado del colegio logré hacerlo trabajar con dos herramientas que implicaron un cambio personal:

Lo que busco asentar con este artículo es que los estudiantes de mala conducta merecen de nuestra parte no sólo una mayor atención (que ya la tienen), sino que una reflexión profesional respecto de cómo intervenir eficientemente para resolver nuestro problema porque, en definitiva, los docentes debemos tener conciencia que si el niño está en nuestra sala el problema es nuestro y no siempre he escuchado eso en los medios donde uno trabaja.


prof. Benedicto González Vargas

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