domingo, 4 de octubre de 2009

Educación para el emprendimiento, reflexiones necesarias

Hace poco tuve la grata oportunidad de conversar de Emprendimiento y sus vínculos con la educación, con el señor director del Colegio Santiago Emprendedores don Daniel Lescot Jerez y con el jefe técnico de dicho establecimiento, don Juan Venegas. En la ocasión, aparte de interiorizarme del interesante proyecto educativo institucional de ese nóvel establecimiento, pudimos intercambiar opiniones respecto de cómo una verdadera educación para el emprendimiento es un elemento fundamental para la formación de nuestros estudiantes. 

Por otra parte, la innovación, la mirada creativa, el desarrollo del talento potencial de los estudiantes adquiere preponderancia en medio de la competitividad del mundo globalizado, tecnologizado e hipervinculado en el que vivimos y que cada vez más está sustentado en economías basadas en la gestión del conocimiento. El alto valor agregado que a la educación formal puede otorgarle una mirada emprendedora pasa, necesariamente, por no olvidar nunca el carácter formativo de la educación y, consecuente con ello, la profesión de valores que sustenten una praxis donde la ética opere como uno de los pilares de la generación y gestión de información y conocimientos. 

Siempre he señalado en estas páginas la necesidad de un uso crítico y un uso ético de las tecnologías informáticas, unidas al uso práctico que es el más común y recurrente. Después de la conversación en comento, declaro e impulso que esos usos son también requisito sine qua non en cualquier proyecto educativo que pretenda generar condiciones para una educación emprendedora. Olvidar los valores y la mirada crítica es convertir el verdadero emprendimiento en una cáscara más o menos apetitosa, pero que oculta un fruto amargo y peligroso y en vez de formar emprendedores, estemos formando seres competitivos, ambiciosos, amorales, que confundan el éxito con el exitismo y que empeñen su alma y su vida en pasar por encima de cuantos los antecedan en su loca carrera por el triunfo. 

Digo esto porque pareciera que hablar de emprendimiento es sólo hablar de negocios y de éxito económico. Hablar de emprendimiento en educación, muchos creen, es enseñar a nuestros niños y jóvenes a formar empresas. No estoy de acuerdo con ello y no estoy tampoco disponible para apoyar esa tesis. Creo más bien que hablar de una verdadera Educación para el Emprendimiento es transferir una mirada en que los problemas sean vistos como oportunidades y en que podamos transmitir a nuestros estudiantes que allí donde muchos ven un problema y muchos más levantan las quejas para que otros resuelvan el conflicto, el emprendedor verá la oportunidad de ofrecer una solución que se haga cargo de todo el componente social y humano asociado a dicho problema. 

Me parece que formar este tipo de ciudadanos es urgente e ineludible y sólo así será posible aspirar como país de manera sensata al desarrollo y el bienestar futuro de la sociedad. Creo que hablar de una educación de calidad pasa forzosamente por hablar también de emprendimiento, pero un emprendimiento vinculado a la ética, a la mirada crítica, al entorno y al impacto social, a pensar y ofrecer soluciones creativas, innovadoras, significativas y factibles. Un emprendimiento a escala humana que no ande buscando adversarios para derrotar, sino colaboradores para triunfar. Por cierto que nuestros docentes deben apropiarse de esa mirada y deben implementarla con estusiasmo, creatividad y libertad en las aulas. Personas como Daniel Lescot y proyectos como el Santiago Emprendedores, al igual que el del Colegio Alexander Fleming, que conozco muy de adentro, me hacen pensar que en medio de la confusión actual y las recetas más o menos propagandísticas que uno lee y escucha en el medio, es posible hablar de una educación de calidad que es, al mismo tiempo, aporte, ejemplo y esperanza.  

prof. Benedicto González Vargas 

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