sábado, 13 de julio de 2019

Poesía y neurociencias

¿Qué efectos produce la lectura de poesía en el cerebro humano?

La relación entre poesía y neurociencias es tan antigua como desconocida, por muchos años, milenios, incluso antes de la invención de la escritura, nuestros ancestros de distintas latitudes fijaban por medio de versos memorizados aquellos elementos culturales que necesitaban transmitir a su sociedad, pensamientos profundos, arquetipos e informaciones de toda índole, el verso (incluso rimado), era el vehículo preferido.


Muchos no podrán creerlo, pero textos de Historia, de Física, de Astronomía, Medicina y otras disciplinas científicas fueron fijados en verso.  Tito Lucrecio, por ejemplo, escribió un siglo antes de Cristo, la impactante “De rerum natura”, una obra didáctica compuesta por 7.400 hexámetros (un tipo de verso griego), que contenía los principios de la física epicúrea.

“Si reparas, verás como se agitan / átomos infinitos de mil modos / por el vacío en el luciente rayo: / Y en escuadrones, en combate eterno / Se dan crudas batallas y peleas, / Y no paran jamás: ya se dividen, / Y ya continuamente se repliegan. / De aquí puedes sacar que en el vacío / eternamente los principios giran.”

Este pasaje de gran lirismo, contiene no solamente una explicación del atomismo según el pensamiento de la época, sino lo que en el siglo XIX se conoció como movimiento browneano, un fenómeno complejo que describe el movimiento aleatorio de partículas microscópicas en un medio fluido.

En años recientes se ha descubierto que la relación entre ciencia y poesía tiene efectos desconocidos que recién se van develando. Hace menos de un lustro, científicos de las universidades de Liverpool y Exeter lograron identificar las zonas cerebrales que se activan con la lectura declamación o audición de poesía. Usando escáneres, los investigadores descubrieron que al leer poesía, no solo se activan las áreas del cerebro vinculadas a la lectura, sino que, además, se produce un aumento de la actividad cerebral hemisférica derecha, en la corteza cingulada posterior y en el lóbulo temporal, que es un área que se encuentra estrechamente relacionada con las emociones y la introspección.

Se comparó esta actividad cerebral con la que produce la música, por ejemplo, llegándose a la conclusión que provocan una activación similar. También se comparó con la producida por textos simples como manuales técnicos, siendo muy superior la activación cerebral que provoca la poesía en relación con ellos. Estos académicos lograron identificar estos efectos que tienen aplicaciones insospechadas, por ejemplo, la exploración y sistematización de terapias neurológicas o psiquiátricas. 

Aunque los estudios y sus conclusiones son nuevas, en realidad es algo que se sabía empíricamente desde hace mucho, la literatura ha sido una suerte de terapia habitual para pacientes psiquiátricos, los que se veían beneficiados al estabilizarse, por medio de las letras, sus cuadros clínicos.

Dos casos notables y destacados de escritores con cuadros psiquiátricos son James Joyce, a quien en círculos psicológicos se le atribuye haber estabilizado su condición clínica a través de la escritura y, a la vez,  través de su obra, adelantarse a técnicas psicoanalíticas. Mucho más cerca nuestro, Jacobo Frijman, notable poeta argentino que estuvo internado en un psiquiátrico casi 30 años hasta el día de su muerte, dijo en una ocasión, cuando loe entrevistaron en el psiquiátrico y le preguntaron si encontraba injusto que lo tildaran de loco siendo una especie de genio de la poesía:

“Usted cree demasiado en la poesía, le espera una vida difícil- (…) Yo también creo, pero desde la resignación. El misterio de la poesía nos saca de la influencia de la carne y nos permite esperar la noche divina. Soy un poeta que ya no busca las palabras, sino el verbo; pero para los médicos y los jueces, para su cruel simpleza, sigo siendo un enfermo mental. Sin embargo, para mí, la sociedad en su conjunto está trastornada. Gran parte de la gente padece de problemas mentales, en especial los psiquiatras, los gobernantes, los hombres del poder. ¿Es que alguien sabe lo que es el alma, lo que es el intelecto? ¿Es que alguien ama a su prójimo como a sí mismo? Los que ven a un preso, ¿miran al preso? Los que vienen al hospicio, ¿miran al loco?”. Sin duda que esa respuesta nos hace dudar de la cordura de sus médicos…

En definitiva, Poesía y Neurociencias tienen conexiones insospechadas y esperamos que sigan apareciendo hallazgos en este camino de encuentro, hallazgos que nos harán bien lingüística, literaria, estética, psicológica y terapéuticamente…

Sin lugar a dudas. e Reino de la Poesía es de una altura inconmensurable…

prof. Benedicto González Vargas

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